Mitos y leyendas

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http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/folclor/cuentos/presen.htm

http://www.google.com.mx/webhp?sourceid=navclient&hl=es&ie=UTF-8

http://www.guiascostarica.com/cr10.htm

http://www.mexicolindoyquerido.com.mx/mexico/index.php?option=com_content&view=category&id=193:mitos-y-leyendas-mexicanos&Itemid=70

http://www.historiayleyendas.com/

EL CALLEJON DELMUERTO
Calle de Fraile Bartolomé de las Casas
TODO PASA CON EL TIEMPO, y muchas veces ni señales quedan de lo que fueron las cosas. Los palacios y los templos se convierten en ruinas y éstas mismas desaparecen como las flores de los campos. Si esto pasa con las grandes cosas. "¿Que será con una calleja?
En tiempos que ya pasaron, la iglesia de San Francisco de Valladolid estaba circundada por unatapia ondulada por cuya cima sobresalían copados fresnos y agudos cipreses. Al lado norte corría una estrecha calle de oriente a poniente limitada por casuchas destartaladas y por la tapia ondulada del cementerio. Como a la mitad de la calleja, había una casa que nadie jamás quería habitar por los espantos que según la fama en ella había, no sólo en esas horas medrosas de la noche en que doblabanlas campanas de la vecina torre en sufragio de las ánimas del Purgatorio, sino hasta en la mitad del día, cuando los rayos del Sol todo lo iluminan y alegran. Sonar de pesada cadenas que se arrastran; crujir de goznes enmohecidos de puertas que se abren; maullar de gatos embravecidos; aullar de perros extraños; voces destempladas que gimen y sollozan; luces que se apagan y vuelven a brillar comofuegos fatuos; piedras lanzadas por mano invisible era lo que ordinariamente sucedía en aquella casa que dio nombre a la calleja que es el objeto de esta leyenda.
Don Diego Pérez de Estrada era un comerciante en paños, sedas y mantones que después de haber recorrido varias ciudades de la Nueva España por razón de su comercio, había fijado su residencia definitiva en Valladolid, por considerarla masapropiada para sus proyectos de casarse con una heredera acaudalada cuanto bella y volverse luego a su pueblo que estaba situado entre las sinuosidades de las montañas santanderinas.
En efecto, entre la muchedumbre de muchachas vallisoletanas que acudían a su vistosa tienda conoció a la más linda y más rica joven que sobresalía entonces como reina de la belleza y de la gracia en esa tierralegendaria.
Doña Inés de la Cuenca y Fraga, huérfana de padre y madre y heredera de una de las más extensas y poderosas haciendas de la Tierra Caliente, rayaba en los veinte abriles y su reja era la mas rondada por los galanes más garridos de entonces. Y con razón. No era alta mas tampoco baja. Esbelta como palmera. Blanca como el armiño. Sus pies pequeños y arqueados. Sus manos llenas de hoyuelos condedos redondos, largos y agudos. Sus brazos hechos a torno y cruzados por venas azules. Sus mejillas sonrosadas. Su barba partida. Su boca pequeña y purpúrea. Su rostro ovalado. Su frente pura y tersa. Su larga y espesa mata de cabellos parecía un haz de luz dorada. Sus dientes como dos sartas de perlas apretadas. Su nariz griega. Sus cejas finas y bañando todo aquel conjunto armónico labrillante luz de los soles de sus ojos cercados de crespas y áureas pestañas.
En lo moral era tan bella como en lo físico. Sus manos siempre abiertas como su corazón para aliviar las miserias de los enfermos y de los pobres. Su piedad severa, tierna y agradable. Su hablar cadencioso y mesurado estaba pronto a defender la honra de los demás mordida por la envidia o por el odio. Las viudas y los huérfanosencontraban en su casa, calor, techo y pan. De su cuenta no hubiera ningún desnudo ni hambriento. Todos tendrían casa en que vivir y comerían gallina. El día que nadie le pedía un favor se entristecía. En suma era una flor de virtudes. Don Diego, hombre de mundo, supo infiltrar paulatinamente en aquella hija de Eva tan hermosa y tan buena el amor, amor sincero, puro, acendrado de parte de ésta;...
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