Montaigne

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Al Exmo. Señor Don FRANCISCO SILVELA, de la Real Academia Española.

Ausente cuatro años ha de España, he querido que a la cabeza de esta traducción castellana de los ENSAYOS DE MONTAIGNE, -«libro ingenuo y de buena fe», útil a todos los hombres,- figurase el nombre de un español ilustre, consagrándola así a la patria en la persona de uno de sus más dignos representantes.

Como el nombre deUsted significa una vida de integridad sin tacha dedicada al servicio de nuestro país, al par que el amor a las letras, de que son muestra espléndida sus discursos políticos y jurídicos y el hermoso libro de SOR MARÍA DE ÁGREDA, me complazco en estamparlo aquí deseando sólo que la dura aunque no ingrata tarea de interpretar un autor tan genial merezca la aprobación de los literatos españoles, paraque el más humano de los filósofos adquiera así carta de naturaleza entre nosotros y en los pueblos de lengua española, a pesar -VI- de los defectos, evitables unos e inevitables otros, en que esta versión abunda.

Estimando profundamente la distinción que Usted le otorga al acoger con benevolencia este trabajo, tiene el honor de ser de Usted admirador afectísimo,

q. b. s. m.
CONSTANTINOROMÁN Y SALAMERO.

París, 5 de Marzo de 1898.

-[VII]-
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Introducción

- I -

Cuando entre los prosistas clásicos franceses se cita a los primeros maestros, a los que supieron revestir las ideas más originales, sólidas y verdaderas con estilo inimitable, envidiado hasta de aquellos que durante toda su vida se ejercitaron en el arte de escribir, a Felipe de Commines,Montaigne, la marquesa de Sevigné y el duque de San Simón, siempre se coloca a Montaigne en el lugar más honorífico. La prosa de los Ensayos es entre todas la más original, la más viva, la en que todo espíritu cultivado encuentra, sin necesidad de buscarlas ni de descubrirlas, mayor número de bellezas, encantos y sorpresas, reflejo fiel de uno de los entendimientos más perspicaces y analíticos queregistran los anales literarios de todos los pueblos, filósofo, poeta y pensador original en cuantos órdenes de ideas su espíritu se detuvo o ponderó.

Miguel Eyquem, señor de Montaigne, nació en el castillo de Montaigne (de donde sus ascendientes tomaron el nombre), en los confines del Perigord, el último día de febrero de 1533, entre once -VIII- y doce de la mañana.2 Su padre descendía de unaantigua familia de comerciantes de Burdeos; su madre era de origen español.

Todos los datos de su biografía, desprovista de grandes acontecimientos, se encuentran diseminados en los Ensayos, como también algunos de los relativos a su padre, de quien Montaigne nos habla con singular amor filial, cada vez que su nombre aparece citado en su obra.

Los primeros años de su infancia transcurrieronen los campos, al aire libre3, y como los que dirigieron su educación pensaran que el mucho tiempo empleado en el estudio del latín era la causa de que los escolares no llegaran a alcanzar «la perfección científica y el temple de alma de los antiguos griegos y romanos»4, apenas salió de los brazos de la nodriza, su padre le encomendó a un preceptor alemán, quien sólo en aquella lengua le hablaba,con lo cual a la edad de seis años tuvo su latín «tan presto y a la mano» como el más consumado de los humanistas.

En el colegio de Guiena, uno de los más afamados de aquel tiempo, y cuyos profesores fueron los más célebres maestros de la época, permaneció hasta los, trece años. El estudio del latín y la literatura latina constituían entonces la base de la educación de todos los adolescentes.Por el griego -IX- se pasaba con rapidez extrema, y Montaigne nunca llegó a poseerlo, según lo declara en varios pasajes de su obra.

De sus estudios jurídicos no hay noticias precisas. No se sabe si los hizo en Burdeos o en Tolosa, pero de todos modos es lo cierto que se consagró en cuerpo y en espíritu al derecho, si no por gusto, por necesidad, y que se graduó en leyes, pues desde muy...
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