Moral laica

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ROBERT LOUIS STEVENSON

MORAL LAICA

MIGUEL ÁNGEL BERNAT

Traducción:

ACUARELA LIBROS

La reproducción total o parcial, no autorizada por los editores, viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada. Primera edición: junio 2002 Título original: Lay Morals © de la traducción: Miguel Ángel Bernat © de la presente edición: Ediciones Acuarela Apartadode correos 18136 28080 Madrid info@acuarelalibros.com www.acuarelalibros.com Propuesta gráfica: Acacio Puig Pág. 2: Último retrato de Robert Louis Stevenson, Lady Stair’s House Museum, Edimburgo (extraído de: David Doiches: Robert Louis Stevenson and his world, Londres: Thames and Hudson, 1973. Imprime: Gráficas Minaya, S.A. Impreso en España / Printed in Spain ISBN: 84-95627-01-9 DEPÓSITO LEGAL: MORAL LAICA

CAPÍTULO I
El problema de la educación es doble: primero conocer, luego expresar. Cualquiera que vive algo semejante a una vida interior, piensa más noble y profundamente que habla; y el mejor de los maestros sólo puede impartir imágenes rotas de la verdad que percibe. El lenguaje que enlaza dos naturalezas, y lo que es peor, dos experiencias, es doblemente relativo. El quehabla entierra su significado; es el que escucha el que ha de desenterrarlo; y todo discurso, escrito o hablado, se cifra en una lengua muerta hasta que halla un oyente deseoso y preparado. Más aún, tal es la complejidad de la vida, que cuando en nuestro consejo condescendemos a los detalles, podemos estar seguros de que condescendemos con error; asimismo, la mejor educación consiste en dejar caeralgunas pistas magnánimas. Ningún hombre ha sido nunca tan pobre que pudiera expresar todo lo que lleva dentro de sí por medio de palabras, miradas o actos; su verdadero conocimiento es eternamente incomunicable, porque es un conocimiento de sí mismo; y su más alta sabiduría viene a él no por una elaboración de la mente, sino por una orientación suprema de su yo, que en sus dictados permanececambiante de hora en hora, en consonancia con la variación de acontecimientos y circunstancias. Unos pocos hombres de escogida naturaleza, llenos de fe, coraje e indiferencia hacia los demás, intentan aplicadamente exponer tanto como pueden entender de esta ley interior; pero la vasta ma-yoría, al aconsejar a los jóvenes, ha de contentarse con repetir ciertas doctrinas que ya les fueron repetidas en supropia juventud. Cada generación tiene que educar

ROBERT LOUIS STEVENSON

a otra que ha subido al escenario. Gente que alegremente acepta la responsabilidad de la paternidad, teniendo asuntos muy diferentes bajo su juicio, quizá puedan sentirse pesarosos cuando esa responsabilidad llame a su puerta. ¿Qué dirán al hijo sobre la vida y la conducta, temas sobre los cuales ellos mismos tienentan pocas y confusas opiniones? Ciertamente, no lo sé; cuanto menos se diga tal vez antes se salga del paso; y, sin embargo, el hijo continúa preguntando, y el padre debe encontrar algunas palabras que decir en su propia defensa. ¿Dónde las hallará?, y ¿cuáles serán cuando las encuentre? Por experiencia y en novecientos noventa y nueve casos entre mil, imbuirá a su boquiabierto renacuajo de tresmalas cosas: el terror a la opinión pública, y manando de él como de una fuente, el deseo de riqueza y aplauso. Aparte de éstas, o de lo que podría deducirse como corolarios de éstas, no le enseñará mucho más de valor real alguno: algunas vagas nociones de teología tal vez, cómo llevar las cuentas de un negocio, y cómo arreglárselas en un baile de quadrille. Pero tal vez me digas que a los jóvenesse les enseña a ser cristianos. Quizá sea falta de penetración, pero aún no he sido capaz de percibirlo. Honestamente, sea lo que sea lo que enseñamos, bueno o malo, no es la doctrina de Cristo. Lo que él enseñó (y en esto actúa como todos los demás maestros merecedores de tal nombre) no fue un código de normas, sino un espíritu prevalecedor; no verdades, sino un sentido de la verdad; no puntos...
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