Mosquitos y charcos

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  • Publicado : 16 de marzo de 2011
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Mosquitos y charcos.
Hitler se acercó lentamente a Nerón que flotaba sin preocupación en la superficie del charco. Aunque su cuerpo transparente se confundía con el agua turbia y putrefacta, la membrana celular de Hitler ya había captado sus pequeñas vibraciones así que cuando estuvo cerca sus pseudópodos le rodearon hasta fagocitarlo sin piedad, como hacen habitualmente las amebas.
Las toxinasde la muerte alarmaron a Mussolini que luchaba tenazmente en el interior de un zapato en descomposición por alejarse de Stalin que batiendo sus infinitos cilios se acercaba inexorablemente a él.
En tanto, en el fondo del charco tapizado de estiércol, Caligula y Atíla se despedazaban entre si dispersando los restos de sus organelos intracelulares por todas partes.
Hitler se detuvo por un momentomientras su citoplasma terminaba de digerir a Nerón.
Desde arriba las hojas de los árboles caían tapizando la superficie con un manto que ocultaba la luz moribunda del sol. Quizás por eso intuyó que era Otoño.
Avanzó lentamente hasta un delgado rayo de luz que se introducía en la profundidad y dejó por un momento que su calor le abrazara.
Y en eso estaba cuando sintió que en su interior Nerónrevivía y se apoderaba de toda su maquinaria celular hasta hacerlo estallar.
Bajo el resplandor de la luna, un mosquito se posó brevemente en la superficie del charco para luego remontar su vuelo en busca del calor de los humanos.
En su interior, Nerón satisfecho esperaba triunfante volver a quemar la ciudad.
Juan Cárcamo Romero.
(Chileno)

La niña y la golondrina.

Era una hermosa mañanade primavera y Anita estaba, como siempre, sentada en su silla de ruedas en el jardín. La vista hacia la playa era hermosa y su madre decía que la brisa marina le haría muy bien.
Eran sus padres muy buenas personas y habían comprado aquella casa con la esperanza de que el clima de la costa hiciera un milagro, ya que en sus cortos 5 años, la niña, inexplicablemente, no podía caminar.
Estaba lamadre en casa, ocupada en sus quehaceres cuando oyó que la niña gritaba...
- ¡Mamá, mamá! -
Rápidamente corrió a su lado.
- Hay algo dentro de ese arbusto - señaló.
La madre cuidadosamente apartó las ramas y encontró allí una pequeña golondrina que inútilmente aleteaba en un esfuerzo desesperado por escapar.
- Tiene un ala quebrada - dijo la mamá. - No podrá volar -.
- Dámela a mí - dijo Anita- Yo la cuidaré -.
Había en los ojos de la niña un brillo especial...Una emoción que su madre nunca antes había visto en ella.
Anita tomó entre sus manos la temblorosa avecilla y con esmero se dedicó a cuidarla como si hubiese sido su propia hija.
Y así pasaron las semanas...

Ya comenzaba el verano...Anita estaba en el jardín, sentada en su silla, con la golondrina en su regazo. La tardecomenzaba a pintarse de dorados y rosas y la espuma de las olas parecía más blanca que de costumbre. La tibia brisa movía los cabellos de la niña cuando una bandada de golondrinas se acercó volando por la playa...Venían con sus alas casi tocando la arena y luego en grupo se elevaron y pasaron sobre la niña y el jardín.
La golondrina que Anita tenía entre sus manos comenzó a inquietarse. Queríaliberarse y extender sus alas.
Anita se dio cuenta de que la pequeña golondrina, que había sido su alegría en los últimos días, estaba lista para partir.
En ese momento tuvo sentimientos encontrados: la alegría de haberla salvado y el temor de no volver a verla nunca más.
Podría mantenerla en una jaula, pensó, pero no sería feliz.
Entonces, la acercó hasta su boca, besó su pequeña cabecita ylevantó ambas manos hacia el cielo...Ante sus ojos la golondrina extendió sus alas y alzó el vuelo.
Comenzaba a refrescar la brisa cuando la madre miró por la ventana...
Un grito se atoró en su garganta. ¡No podía creer lo que estaba viendo!
Con las manos alzadas hacia el cielo, de pie frente a la silla de ruedas, Anita tenía la vista fija en el horizonte.
La bandada de golondrinas aun daba...
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