Mujeres de ojos grandes

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 189 (47056 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 11 de octubre de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
[pic]

MUJERES DE OJOS GRANDES – ÁNGELES MASTRETTA

Segunda edición: 1991
Aguilar, León y Cal Editores, S.A. de C.V.
Impreso en México

Angeles Mastretta nació en la ciudad de Puebla, México, el año de 1949. Estudió periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Lleva años ejerciendo el periodismo y la literatura. Es miembro del Consejo Editorial de la revistaNexos.

Como en las viejas historias orientales, una mujer se propone salvar a otras mujeres del olvido, ganarlas para la persistencia y el recuerdo, y escoge para eso el arte que la naturalidad y la constancia le han dado: el arte de contar. La voz narrativa de Angeles Mastretta nos lleva por una galería intensa y diversa de mujeres salvadas gracias al encanto verbal. Las historias de Mastrettaintegran un tejido hecho de simpatía desencadenada y silencios puntualísimos.

Este libro tiene, además, un hilo claro que lo anima y potencia: mujeres en momentos cruciales de sus vidas. Mujeres con historias desmesuradas, que pueden resumir en una nuez de experiencia lo que se ha llevado años vivir. Mujeres sorprendidas, sorprendentes, fotografiadas en el instante decisivo: Mujeres de ojosgrandes. Con la llaneza de la elegancia, la prosa de Angeles Mastretta vuelve a estar a la altura de lo que sus personajes sueñan, lamentan, descifran de la vida.

Para Carlos Mastretta Arista,
que regresó de Italia

La tía Leonor tenía el ombligo más perfecto que se haya visto. Un pequeño punto hundido justo en la mitad de su vientre planísimo. Tenía una espalda pecosa y unas caderas redondas yfirmes, como los jarros en que tomaba agua cuando niña. Tenía los hombros suavemente alzados, caminaba despacio, como sobre un alambre. Quienes las vieron cuentan que sus piernas eran largas y doradas, que el vello de su pubis era un mechón rojizo y altanero, que fue imposible mirarle la cintura sin desearla entera.
A los diecisiete años se casó con la cabeza y con un hombre que era justo lo queuna cabeza elige para cursar la vida. Alberto Palacios, notario riguroso y rico, le llevaba quince años, treinta centímetros y una proporcional dosis de experiencia. Había sido largamente novio de varias mujeres aburridas que terminaron por aburrirse más cuando descubrieron que el proyecto matrimonial del licenciado era a largo plazo.
El destino hizo que tía Leonor entrara una tarde a la notaría,acompañando a su madre en el trámite de una herencia fácil que les resultaba complicadísima, porque el recién fallecido padre de la tía no había dejado que su mujer pensara ni media hora de vida. Todo hacía por ella menos ir al mercado y cocinar. Le contaba las noticias del periódico, le explicaba lo que debía pensar de ellas, le daba un gasto que siempre alcanzaba, no le pedía nunca cuentas yhasta cuando iban al cine le iba contando la película que ambos veían: "Te fijas, Luisita, este muchacho ya se enamoró de la señorita. Mira cómo se miran, ¿ves? Ya la quiere acariciar, ya la acaricia. Ahora le va a pedir matrimonio y al rato seguro la va a estar abandonando".
Total que la pobre tía Luisita encontraba complicadísima y no sólo penosa la repentina pérdida del hombre ejemplar que fuesiempre el papá de tía Leonor. Con esa pena y esa complicación entraron a la notaría en busca de ayuda. La encontraron tan solícita y eficaz que la tía Leonor, todavía de luto, se casó en año y medio con el notario Palacios.
Nunca fue tan fácil la vida como entonces. En el único trance difícil ella había seguido el consejo de su madre: cerrar los ojos y decir un Ave María. En realidad, variasAvesmarías, porque a veces su inmoderado marido podía tardar diez misterios del rosario en llegar a la serie de quejas y soplidos con que culminaba el circo que sin remedio iniciaba cuando por alguna razón, prevista o no, ponía la mano en la breve y suave cintura de Leonor .
Nada de todo lo que las mujeres debían desear antes de los veinticinco años le faltó a tía Leonor: sombreros, gasas, zapatos...
tracking img