Nacida al anochecer

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  • Publicado : 7 de marzo de 2012
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Nacida al anochecer

( libro nº 5 de la serie Twilight)
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Capítulo 1

-Estoy condenada. Estoy condenada. Estoy condenada...
Aquéllas fueran las únicas palabras que pude pronunciar mientras deambulaba por las calles la primera noche de mi nueva vida. Tenía el cabello enmarañado y la ropa rasgada y sucia. La gente que pasaba a mi lado me miraba y enseguida apartaba la vista con miedo.¿O sería desprecio?
Yo había ido por el buen camino. O, al menos, eso creía. Tal vez hubiera estado demasiado segura de mí misma. El orgullo precede siempre a la caída, pero sin duda el pecado de la soberbia no garantizaba un peaje tan severo. Seguro que no había sido la mano de Dios la que me había arrojado tan bajo.
No, Dios no tenía nada que ver con aquello. Ni tampoco Satanás, sino unmonstruo. Una criatura mucho más atroz de lo que nunca podría llegar a ser Lucifer.
Durante trece años yo había sido tan pura y tan santa como creía que debían ser los ángeles. Desde la noche mas oscura de mi vida, cuando mi madre me dejo en el altar de San Cristóbal, prometiéndome que regresaría pronto a buscarme, sólo había hecho el bien. Aunque entonces era demasiado pequeña como para distinguir elbien del mal, una niña de nueve años que ha sido abandonada por su madre aprende muy deprisa.
Las hermanas me criaron bien, me enseñaron todo lo que sabían sobre la verdad y la bondad en el nombre de Dios. Y yo no las dejé cuando cumplí la edad adecuada, sino que me quedé en el refugio que había encontrado entre ellas.
Habría tenido que jurar mis últimos votos una semana después de aquellahorrible noche. Sólo una semana más. Y durante un instante me pregunté si habría podido liberarme del monstruo de haber tomado los hábitos. ¿Me habría protegido mi devoción?
- Estoy condenada -murmuré de nuevo, dejándome caer en las escaleras de una hermosa catedral. No me maravillé ante la belleza de las vidrieras. No pude. Mis ojos monstruosos sólo se centraron en los trozos de cristal rojo. Y unhambre atroz surgió de lo más profundo de mi alma. Un hambre pecaminosa, que no podía, que no debía satisfacer.
Había salido sola aquella noche de invierno a pesar de las serias advertencias de las hermanas...
Mis zapatos emitieron un sonido quejumbroso mientras bajaba a toda prisa las escaleras de madera desde mi celda. Estaba deseando salir. ¡Fuera nevaba! Había estado recorriendo mi habitaciónde arriba abajo, incapaz de concentrarme en mis estudios. Lo único que podía hacer era girarme hacia la única ventana que tenía para ver caer la nieve.
No éramos una orden de clausura. Teníamos contacto con el mundo exterior, pero sólo para servir al Señor o cuando la Madre Mary Ruth lo veía absolutamente necesario. Aquella noche me tocaba a mí trabajar en el refugio, a unas cuantas manzanas. Yaunque sabía que debería regocijarme al poder servir a Dios ayudando a mis hermanos en tiempos de necesidad, lo cierto era que lo que me alegraba era la oportunidad de salir y pisar la nieve recién caída.
Me puse un chal sobre mi hábito, que era una versión simplificada del que llevaban las verdaderas hermanas. Pronto tendría uno como el de ellas. En una semana juraría solemnemente mis votos.
Peromis pasos se detuvieron cuando llegué al final de la escalera y vi a la hermana Rebecca, que iba a acompañarme al refugio, apoyada en la columna con aspecto de encontrarse mal.
-Hermana, ¿qué ocurre?
Corrí hacia ella con el corazón encogido tanto por la perspectiva de tener que quedarme aquella noche como por la idea de que la hermana Rebecca estuviera enferma. Siempre trabajábamos de dos endos en el refugio. Siempre íbamos y volvíamos juntas.
-Creo que tengo un virus gastrointestinal -respondió ella.
Era joven, como yo. Sólo hacía un año que había jurado los votos definitivos, y a veces yo pensaba que era una pena que no llegara nunca a casarse y a tener hijos, porque era muy bonita. Y cuando pensaba aquello, a veces una pequeña duda trataba de abrirse paso en mi cerebro, pero yo...
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