Nada

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CANARIOS

Estaba viendo un partido de futbol internacional cuando un canario entró por la ventana. Un tanto extrañado, vi cómo el pájaro se paraba justo en la antena, disturbando la señal. Los domingos los ocupo para relajar el cuerpo y no pensar en las tragedias del país que se ha vuelto un campo de guerra, si cabe decirlo.
Mi mujer había ido al mercado y yo estaba sólo. Habránsido las diez de la mañana. Era mi día de descanso y decidí no mover un dedo. El comentarista del partido anunciaba un cambio de jugador cuando, para mi sorpresa, escuché el aleteo de dos canarios más que entraban y se paraban justo al lado del otro. Para estar en la ciudad, con árboles crecidos entre el concreto y pájaros grises o cafés, dicho espectáculo era demasiado raro. Su plumaje era amarillo(como los canarios) y parecían espantados o eso creí. Subí los pies al sillón y pensé lo divertido que sería tener un resortera a la mano. Con la creencia de que, a lo mejor, los pájaros se espantarían, tomé el control para cambiar de canal. Pero los pájaros no se movieron; entonces subí todo el volumen y apenas movían la cabeza pero no volaban. Superando la flojera, tomé una chancla paralanzársela; pero justo antes de atacar, llamaron a la puerta. Era una mujer que, aunque se decía mi vecina, yo nunca la había visto. Siento molestarlo, dijo con voz dulce, es que se me volaron mis canarios y entraron por su ventana. Pase, le dije y me hice un lado para que entrara. La mujer se abrazó como si hiciera frío y entró sin más. Era una mujer de cabello rizado y prominentes labios marrón, traíala jaula de dónde se le habían escapado las aves. Le señalé con el dedo en dónde estaban y ella, aliviada un poco, puso la jaula en le suelo y comenzó a imitar el silbido de los pájaros para llamarlos. Vengan bonitos, les decía y caminaba despacio hacia la televisión. En afán de ayudar, hice el esfuerzo por desperezarme y corrí a la cocina en busca de una caja o algo para atraparlos. Regresé a lasala con una caja de cartón. La mujer me miró y me pareció que hacía un gesto de peligro o algo así. Uno de los canarios voló y, como si fuera un espacio raro para él (que lo era) se estrellaba con el techo y los muros, luego se paró sobre una lámpara alta que estaba en la esquina. Los otros dos seguían moviendo la cabeza y de vez en cuando movían las alas como amenazando con volar. Puse la cajaen suelo y corrí a cerrar la ventana para que no escaparan, lo que la mujer agradeció con una sonrisa. Era cuestión de agarrarlos sin hacerles daño. Me acerque hacía el que se había parado en la lámpara, pero sabía que iba a volar otra vez, aunque el pájaro parecía entre cansado y aterrado. Lo primero que me vino a la cabeza fue agarrarlos con una toalla o un trapo, pero luego pensé que loscanarios son aves muy frágiles, lo que motivo otra solución. La mujer seguía silbando. Entonces se me ocurrió ponerles algunas migajas dentro de la jaula y atraparlos. Se lo propuse a la mujer y ella asintió. Fui a la cocina y agarré un trozo de pan. Luego tomé la jaula y la puse en la mesa, abrí la portezuela y puse dentro las migajas. Ahora era cuestión de esperar a que los canarios cayeran. La mujerparecía un poco más tranquila, le ofrecí una taza de café y nos sentamos en la cocina. Hablamos algunos minutos cuando, de repente, escuchamos que uno de los canarios había entrado. Corrimos a ver y, por fin, ella agarró al primero, lo puso en una caja que le ofrecí y esperamos otra vez.
—Y ¿cómo se le escaparon? —pregunté.
—Siento molestarlo —dijo, una vez que habíamosentrado en confianza—. Es que se me hizo tarde para darles el almuerzo a mis hijos y por las distracciones y las prisas, usted sabe.
Al oír su suave voz, como un instinto, empecé a sentir una especie de calor, como cuando se está a punto de hacer algo indebido.
—No me parece que usted tuviera hijo, se ve muy joven.
—Gracias, pero ya tengo edad, no se crea...
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