Necesidad de literatura, entre el pragmatismo y el amor

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Necesidad de literatura,
entre el pragmatismo y el amor
por Fernando Galindo Valdez

Cuando uno ingresa a la secundaria o al siguiente escalafón de la pirámide pedagógica descubre las carencias de su educación anterior. Entonces se despliega un paisaje henchido de lagunas que abarca desde nociones elementales de matemáticas hasta las reglas básicas de ortografía. ¿Por qué sucede esto? ¿Quépasa durante el proceso de enseñanza? ¿Ineptitud magisterial? ¿Deficiencias en las políticas educativas? ¿La institución es de bajo perfil? ¿El núcleo familiar no incentiva la formación de sus hijos? Las respuestas son tan disímiles como válidas y bien valdría la pena contextualizar cada una en otro momento. Sin embargo, dirijamos nuestra atención a la enseñanza de la lengua y la literatura. Resultaque esta materia es un dolor de cabeza para los estudiantes, quienes ni se identifican con ella ni encuentran motivación en su cobijo y tan sólo encuentra una mezquina utilidad práctica que los acerca no a la lectura sino a la información inmediata que les solucionará su pase al grado siguiente. En varias ocasiones he preguntado a alumnos de secundaria cuál es su percepción sobre esta materia.Las respuestas son tan contundentes que desmoralizan hasta el profesor más insensible. Entre los comentarios hay quienes observan la materia como un desfile innecesario de lecturas aburridas o bien una conferencia de términos retóricos y lingüísticos: “qué hueva”, señalan, “¿para qué sirve? Si ya nos enseñaron a leer en la primaria”. O bien: “Luego la maestra se avienta unas frases que noentendemos”, “A mí me gustan los libros con dibujos”, “Yo prefiero ver la película, que leer el libro”. “Me da hueva leer. Sólo lo hago cuando tengo un examen en puerta”. “Siempre nos ponen a copiar los libros”. Podríamos construir una antología del desaliento didáctico y documentar el fracaso, pero sería negar a quienes han tenido éxito en la enseñanza de esta materia. Lo único que sucede es que losalumnos terminan leyendo sólo para encontrar las respuestas del examen de mañana –en ocasiones ni siquiera eso–, para escribir un trabajo o pasar una materia. Los estudiantes quedan inoculados contra la lectura y nunca más volverán a abrir un libro (a menos que tengan un examen extraordinario en puerta). Pues en el afán de buscar una utilidad práctica se pierde la esencia verdadera de la enseñanza: latransmisión del conocimiento sin otra expectativa que la de transmitirlo con alegría, con amor, con compromiso.
El escritor español Dámaso Alonso decía que la literatura –cabe decir que su concepto de literatura es amplio y como lector era aficionado inclusive hasta leer aunque fueran los papeles rotos de las calles– es la enseñanza más formativa que puede recibir el hombre. Pues lalectura, continúa Alonso, “modifica al hombre en su inteligencia, en sus afectos y en su voluntad: toda la esfera moral de nuestro ser”. La reflexión de Dámaso es sensata y hasta cierto punto, verdadera. A diferencia de la que Tatiana Sulé esgrime: “El estudiante de español de la educación media superior debe asumir que tiene que dominar su lengua para poder ser mejor como ser humano”. En la primeraafirmación coincido de manera parcial; en la segunda discrepo. Creo que el valor formativo de la literatura en cualquier nivel educativo está en función de las herramientas que puede proporcionarnos para el desarrollo de la comunicación (lo cual modificará, en efecto, nuestra inteligencia) y no tanto en nuestro desarrollo moral. Ya que si uno es un bandolero y, de pronto, llegan a nuestras manos lospoemas de Petrarca o los corridos completos de Los Tigres del Norte, su lectura no nos hará ni mejores humanos ni mejores bandoleros, tal vez lo único que nos provoque sea una irrefrenable necesidad de emborracharnos en la cantina más próxima. La lectura no nos hace sobresalientes seres humanos ni puede sustituir la vida misma. Recordemos de nuevo a Dámaso Alonso “El hombre interpreta al mundo,...
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