Nicolo paganini y la sonata del diablo

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 6 (1409 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 18 de mayo de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
Nicolo Paganini Y La Sonata Del Diablo
Era el 27 de octubre de 1782. El otoño se ha mostrado especialmente frío. Se presagian días de oscuridad. En una pequeña habitación sobre la calle, una mujer daba a luz a un niño de rasgos huesudos, cabello revuelto y castaño, bajo unos párpados pesados y surcado por una reticular maraña de vasos capilares, los ojos eran de un color indeterminado. Ni ahorani después, esos ojos tuvieron un matiz definido, parecían estar borroneados por ceniza.
El padre con su severo aspecto de guardia pretoriano aguardaba sentado en un taburete de cuero en la sala de estar, junto a uno de sus hermanos. A un lado de él, sobre una mesa, un viejo violín parecía un pájaro moribundo con las alas desplegadas sobre un nido de víboras.
Al niño lo bautizaron con el nombrede Nicolo. El padre Antonio Paganini y la madre, Teresa Bocciardo se habían conocido hacía cinco años en una fiesta ofrecida por el burgomaestre de la ciudad de Génova.
Después de un breve período de vino y rosas enfrentaron las responsabilidades de la unión. Se establecieron en una pieza modesta donde apenas había leña para calentar el hogar, donde las ventanas batían como alas de pájarosiracundos cuando el viento soplaba.
Nicolo comenzó el estudio de la mandolina cuando tenía cinco años. Su padre le enseñaba los primeros movimientos en un pequeño salón habilitado como estudio, donde se debía saltar por encima de rollos de alfombras, cuadros, pedazos de madera y todo tipo de cachivaches.
Superada las vicisitudes de este instrumento, el niño se enfrasca en el aprendizaje del violín.Las primeras notas tiemblan en el aire como las sílabas de un llanto. Sobre las flores instaladas en los búcaros de las ventanas descendía una lámina de escarcha de melancolía cuando el pequeño desgranaba los arpegios escondidos en las cuerdas.
La primera vez que se presentó ante el público tenía nueve años. Apenas era capaz de establecer un método de reflexión para hilvanar la composición de lasnotas. Cuando Nicolo Paganini interpretaba una melodía lo hacía bajo los influjos de las hadas de la inspiración subconsciente.
A los dieciséis años era considerado un maestro pero el éxito no supo digerirlo con fluidez. El dinero que ganaba lo gastaba en juergas y borracheras. Se pasaba largas jornadas en tabernas y salones donde también apostaba. Alguien le rescató de este frenético acto dedestrucción.
Era una dama que le profesaba una gran admiración. No hemos podido conocer su nombre, pero sí que ella le levantó del estercolero de la desidia y la embriaguez para otorgarle un refugio en su villa donde aprendió a tocar la guitarra.
Algo repuesto de los desvaríos y el abatimiento producido por el licor, Paganini volvió a los escenarios. Sobre el tablado un ámbito de fuego esparcíaluces y sombras y en medio el artista. El calor ha de haber sido insoportable para Nicolo, pero la imagen que proyectaba al público le hacía parecer que ascendía del mismo infierno.
Del violín arrancaba magníficas notas, detrás de él todo era llamas, un fuego purificador o punitivo, pero proyectaba la figura de Paganini como la de un titán cuya cabeza era coronada por rayos cósmicos. El público veíala imagen de un hombre alto, flaco, con unos brazos tan largos que las manos le llegaban hasta las rodillas. Con el traje raído, sucio de polvo y grasa, su larga cabellera revoloteaba como si se hubiera incendiado, como un sol.
El arco en sus manos describía en el aire incesantes estocadas, curvas, lances, como si pulsaran un florete o una espada. Entre los espectadores el silencio era una densacortina desgarrada por los armónicos registros de las cuerdas rasgadas. Nadie podía explicarse como alguien podía tocar de una forma tan próxima a lo divino.
Tal vez pensaba Nicolo en aquellos días en que su padre le decía que sería el más grande violinista del mundo y para confirmar su predicción, sometía a golpes su voluntad. Tal vez al tocar incrustaba la daga de fuego en el pecho del padre,...
tracking img