Nietzsche y la verdad

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No es fácil hablar de Nietzsche en forma general. En realidad, se ha abusado de ello. Vivía aun Nietzsche, postrado en la demencia, y el saqueo ya había comenzado. Su peculiar modo de escritura, condicionado en gran medida por sus achaques, favoreció el procedimiento. Pareciera que cuando de Nietzsche se trata, cesa la cautela académica. Todo se reduce a buscar los fragmentos que corroboran laperspectiva del lector, omitiendo desaprensivamente el resto. ¿Qué Nietzsche es corresponsable de este modo de apropiación? Seguro, pero eso no lo hace menos objetable.
Nuestro camino es otro. Más allá de la “bestia rubia”, tan cara al nazismo, y del “alegre danzarín” de la cohorte posmoderna, aspiramos a establecer lo que Nietzsche dijo, postergando cualquier imagen global de su filosofía.Todavía no sabemos si el pensamiento de Nietzsche puede compactarse en una cosmovisión; ni siquiera sabemos si apunta a ello. Centrarse en lo escrito por Nietzsche no implica un trasnochado anhelo de objetividad ni renunciar al propio pensamiento. Se trata, por el contrario, al decir de Adriana Fernández, de captar los núcleos de sentido y desplegar lo retenido en ellos, yendo con Nietzsche más allá deNietzsche.
Tampoco es fácil hablar en forma general de la doctrina de Nietzsche acerca de la verdad. Y por lo que se acaba de decir, ni siquiera conveniente. Como se sabe, hay distintas etapas en el pensamiento de Nietzsche. A partir de Fink, los intérpretes acostumbran distinguir entre una etapa “romántica” (hasta 1876), una etapa “ilustrada” (desde 1876 a 1882), el Zaratustra, que por sí soloconstituiría una etapa, y una cuarta etapa, de destrucción de la metafísica occidental, que abarcaría todos los escritos posteriores al Zaratustra. Es indudable que se registran fuertes virajes en la evolución del pensamiento de Nietzsche. Pero no es menos cierto que en muchos aspectos hay más continuidad de lo que suele suponerse. Existen continuidades subterráneas, imperceptibles a simplevista. Refiriéndose, por ejemplo, a las dos primeras etapas, cabe observar que Nietzsche jamás fue un romántico típico como habitualmente se cree (e, incluso, él mismo creyó) y que su concepción de la Ilustración se aleja en más de un punto de la imagen estereotipada que se tiene del Iluminismo.
Sea como fuere, hay algunas modificaciones significativas en la concepción nietzscheana de la verdad a lolargo de su obra. Pero las líneas fundamentales están trazadas desde el comienzo y nunca se abandonarán del todo. Sin embargo, la cosa se complica aun más por el consabido perspectivismo de Nietzsche que, entre otras cosas, es un método y empieza a desarrollarse con claridad a partir de Humano, demasiado humano.
Hace ya muchos años[1], sostuvimos en contra de Habermas y muchos otros que elperspectivismo no se reduce en Nietzsche a una dimensión gnoseológica, como si consistiere en un vulgar relativismo que deja subsistir un mundo unívoco allende la representación. El perspectivismo nietzscheano es “ontológico”, siempre y cuando concedamos por un momento que esta palabra guarde todavía en Nietzsche algún sentido asignable. Pero además el perspectivismo es en Nietzsche una prácticaconstante de lectura, jamás abandonada siquiera un instante, a partir de la disolución positivista del sujeto trascendental, operada desde Humano, demasiado humano. Esto implica que la “misma” cosa, pongamos la “verdad”, puede ser leída en forma divergente de una obra a otra, dentro de una misma obra, de un párrafo a otro y, en el límite, dentro de un mismo renglón, con prescindencia de toda “teoríadel conocimiento”. Nada garantiza, encima, que los distintos aspectos de la “misma” cosa se reunirán finalmente en una totalidad comprehensiva, lo cual tampoco debe entenderse como indiferente y anárquica multiplicidad. Dentro de una tensión siempre reinante, complejas unidades jerárquicas se constituirán coyunturalmente. Se refleja así, con fidelidad, el juego de los impulsos.
Cuando...
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