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  • Publicado : 13 de diciembre de 2010
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Los patios interiores de la democracia de Norbert Lechner1  además de los contenidos específicos de cada artículo que convocan con inteligencia a la reflexión y al estudio de temas particulares actuales –la revolución, la democracia, la vida cotidiana, el realismo político, el miedo, la cultura posmoderna, etc–, es sugerente a lo menos en tres aspectos generales: el primero, tiene que ver con eldiscernimiento de la «situación epistemológica» del investigador contemporáneo latinoamericano después de la «crisis de la modernidad»; el segundo aspecto, releva las condiciones «íntimas» de uno de los desafíos más apremiantes del presente, el de la democracia; y el último -a pesar de las intenciones contrarias manifestadas por el autor-, sugiere un orden temático a construir en torno al tema dela política, del «orden» y del «orden deseable», más allá del sólo sentimiento y la emoción.

Lechner no quiere que sus conceptos y escritos sean enclaustrados en un sistema teórico, ya sea elaborado consiente o inconscientemente por él mismo o por otros, y confiesa su recelo y aburrimiento por el «carácter implacable de la lógica rigurosa». Paralelamente a esta prevención, el autor, sindesconocer un «sentido» implícito en sus reflexiones, prefiere que éste sea develado más bien como se hace con la producción de los poetas o los literatos y que éste se haga presente al modo de Win Wenders, el cineasta, o de Italo Calvino cuando compara a las ciudades con los sueños, en los que «todo lo imaginable puede ser soñado, pero hasta el sueño más inesperado es un acertijo que esconde un deseo, obien su inversa, un miedo. Las ciudades, como los sueños están construidas de deseos y de miedos, aunque el hilo de su discurso sea un secreto, sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas y toda cosa esconda otra».

La cita anterior de Ítalo Calvino abre la presentación del libro de Norbert Lechner y sirve de símil para insinuar cómo debería explorarse la «intencionalidad (...) de ladimensión subjetiva de la política», tema que subyace a todos los artículos presentados por el autor: ¿esos deseos, esos miedos, ese sentido ocultos? El autor, a partir de que la experiencia subjetiva actual, considera que los problemas «estructurales han alcanzado su momento de decisión, se pregunta afirmando (...) ¿Cómo entonces comprender la crisis sin echar una mirada política a los temores yanhelos que nos provoca el estado de cosas existente?»

Del miedo, del desamparo o del desencanto, de lo que duele, vale la pena según Lechner, desentrañar su significado político; aunque aquí comiencen a ser indiscernibles las manifestaciones efectivas y las intenciones del autor. Respecto de las primeras, manifestará que «el pensamiento político, como el arte o la moral, (hacen) visible locolectivo, reconstruyendo contextos, relacionando creencias e instituciones, vinculando imágenes y cálculos, expresiones simbólicas y acciones instrumentales», de las cuales surgen visiones artificiales y conexiones parciales. Y, al parecer respecto de las segunda o de ambas, «en la medida en que nos reconocemos tendencialmente en una visión adquiere sentido la maraña de fenómenos. Por eso deseamos elorden por encima de cualquier cosa y siempre soñamos en un orden mejor. De ello trata el libro: la necesidad de un orden, la posibilidad de un orden democrático, en fin qué orden queremos».

¿Pero a quién se refiere ese «queremos» de Lechner, a la sociedad, a nuestro deseo, a ambos?, ¿es que ya hemos sobrepasado esa útil distinción del pasado de lo científico y lo político, del viejo Weber, quizásen aras a la decadencia de la modernidad?

En el caso de Lechner, habría poca ambigüedad: «mi interés por la democracia, la transformación social y la utopía guarda fidelidad a las ideas socialistas de mi primera experiencia política: el movimiento del 68 y el gobierno de Allende». Sin embargo, al autor le surge la justa duda y un cierto arrepentimiento: «¿cuán válidos e irreflexivos eran...
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