No hay lugar para el enemigo de mi alma

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No hay lugar para el enemigo de mi alma
Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Que el gozo de nuestra fidelidad hacia lo más elevado y mejor dentro de nosotros sea nuestro a medida que mantengamos nuestro amor y nuestro matrimonio, nuestra sociedad y nuestra alma, tan puros como se espera que sean.
Mientras la hermana Holland y yo desembarcábamos hace poco en unlejano aeropuerto, tres bellas jóvenes que descendían del mismo vuelo se apresuraron para saludarnos. Se presentaron como miembros de la Iglesia, lo cual no era de sorprenderse, ya que las personas que no son de nuestra fe por lo general no corren hacia nosotros en los aeropuertos. En una conversación que no habíamos esperado, muy pronto supimos por medio de sus lágrimas que las tres mujeres se habíandivorciado recientemente, que en cada caso el esposo había sido infiel y que, en cada caso, la semilla del distanciamiento y la transgresión había comenzado con la atracción a la pornografía.
Con esta sombría introducción a mi mensaje de hoy, uno que supone un desafío, me siento como Jacob de antaño, quien dijo: “Me apena tener que ser tan audaz en mis palabras… delante de… muchos [que]… son desentimientos sumamente tiernos, castos y delicados”1; pero debemos ser audaces. Tal vez fue el padre o quizás el abuelo que hay en mí, pero las lágrimas de los ojos de aquellas jóvenes hicieron que brotaran lágrimas de los míos y de la hermana Holland, y las preguntas que hicieron me dejaron pensando en: “¿Por qué hay tanta decadencia moral a nuestro alrededor y por qué hay tantas personas yfamilias, incluso algunas de la Iglesia, que caen como víctimas de esto, siendo trágicamente marcadas por ello?”
Pero, desde luego, yo sabía al menos parte de la respuesta a mi propia pregunta. La mayoría de los días todos nos sentimos agredidos por mensajes inmorales de algún tipo que nos inundan desde todo ángulo. Los lados oscuros de la industria del cine, la televisión y la música incursionan másy más en un lenguaje ofensivo y la mala conducta sexual. Trágicamente, la misma computadora y el mismo servicio de internet que me permite hacer mi historia familiar y preparar esos nombres para la obra del templo podrían, sin filtros ni controles, permitir a mis hijos o nietos el acceso al pozo séptico global de percepciones que podría causar un verdadero cráter en su mente para siempre.Recuerden que aquellas jóvenes esposas dijeron que la infidelidad de los esposos comenzó con una atracción a la pornografía; pero la actividad inmoral no es sólo un problema de hombres, y los esposos no son los únicos que comenten esta ofensa. El peligro disponible al clic de un ratón, incluso lo que pueda ocurrir en un encuentro de una sala de conversación virtual, no hace acepción de personas, hombre omujer, joven o anciano, casado o soltero; y sólo para asegurarse de que la tentación esté cada vez más accesible, el adversario está ocupado extendiendo su cobertura, como lo dicen en la industria, a los teléfonos celulares, los videojuegos y los reproductores MP3.
Si dejamos de cortar las ramas de este problema y acometemos más directamente a la raíz del árbol, no es de sorprender queencontremos la lujuria merodeando furtivamente por allí. Lujuria es una palabra desagradable y ciertamente me es un tema desagradable para tratar, pero hay una buena razón por la que en algunas tradiciones se la conoce como el más mortífero de los siete pecados capitales2.
¿Por qué es la lujuria un pecado capital? Y bien, además del impacto espiritual destructor total que ejerce sobre nuestras almas,pienso que es un pecado porque profana la más elevada y la más santa relación que Dios nos da en la vida mortal: el amor que un hombre y una mujer se tienen el uno por el otro y el deseo que esa pareja tiene de traer hijos a una familia con la mira de ser eterna. Alguien dijo una vez que el verdadero amor debe incluir la idea de permanencia. El verdadero amor perdura, pero la lujuria cambia tan...
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