Noches de baile en el infierno

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Stephenie Meyer,

Meg Cabot, Kim Harrison,

Michelle Jaffe, Lauren Myracle

Noches de baile en el infierno

Índice

Argumento 4
LA HIJA DE LA EXTERMINADORA. Meg Cabot 5
EL RAMILLETE. Lauren Myracle 33
MADISON AVERY Y LOS CARONTES. Kim Harrison 59
VERDADES. Michele Jaffe 95
EL INFIERNO EN LA TIERRA. Stephenie Meyer 147

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Argumento

Cinco historiasde amor y seducción sacudidas por lo sobrenatural. Vampiros exterminadores, ángeles contra demonios... todo tipo de seres fantásticos que se aliarán en este volumen para convertir los bailes de fin de curso en algo... inolvidable.

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LA HIJA DE LA EXTERMINADORA

Meg Cabot

Mary

El corazón me late al ritmo de la música. Noto el bajo en el pecho: pum, pum. A causa de la neblinaproducida por la nieve carbónica y los haces de luz intermitente que caen desde el techo de la discoteca, es difícil distinguir algo en la estancia, plagada de cuerpos que se contorsionan.

Sin embargo, sé que él está aquí. Lo percibo.

Por eso agradezco esta confusión de cuerpos a mi alrededor. Me mantienen fuera del alcance de sus ojos... y de sus sentidos. De otro modo, ya habríaolfateado mi presencia. Detectan el olor del miedo a varios metros de distancia.

Pero no estoy asustada. Qué va.

Bueno. A lo mejor, un poco.

En todo caso, llevo conmigo mi ballesta Excalibur Vixen 86 m/s con una flecha Easton XX75 de cincuenta centímetros de longitud (reemplacé la punta original, de oro, por otra de fresno tallada a mano). Ya la he amartillado, y sólo me hace falta ejerceruna leve presión con el dedo para disparar.

Nunca sabrá qué lo alcanzó.

Y con suerte, tampoco ella.

Lo importante es conseguir un ángulo de tiro despejado —lo cual va a ser difícil en medio de esta muchedumbre— y no desperdiciar la flecha. Es muy probable que tenga una sola oportunidad. O doy en el blanco... o me convierto en diana.

«Apunta siempre al pecho —me decía mimadre—. Es la parte más voluminosa del cuerpo, la zona a la que es más sencillo dirigir el tiro. Desde luego, si eliges el pecho en lugar de un muslo o un brazo, lo más probable es que la herida resulte mortal... De poco te va a valer herir a tu enemigo. Lo único que cuenta es acabar con él.»

A eso he venido aquí esta noche. A acabar con él.

Es evidente que Lila va a odiarme si descubre lo queva a ocurrir... si se entera de que voy a ser yo quien lo haga.

¿Pero qué otra cosa podría esperarse? No es posible que crea que me voy a quedar sentada sin hacer nada mientras observo cómo arruina su vida.

«He conocido a un chico —me anunció hoy, entusiasmada, mientras, a la hora de comer, aguardábamos en la fila del mostrador de las ensaladas—. Dios, Mary, no te imaginas lo guapo quees. Se llama Sebastian. Tiene los ojos más azules que hayas visto en tu vida.»

Lo que la mayor parte de la gente no advierte en Lila es que, bajo ese aspecto —por decirlo con claridad— de atolondramiento, late el corazón de una amiga de verdad. A diferencia del resto de chicas de Saint Eligius, Lila jamás me ha puesto una mala cara por el hecho de que mi padre no sea un director general o uncirujano plástico.

Vale, vale. Es cierto que, cuando habla, no hago caso de las tres cuartas partes de lo que dice, pues, en general, su conversación toca temas que no me interesan, como cuánto le costó un bolso de Prada que compró en Saks aprovechando la liquidación de fin de temporada o qué tatuaje piensa hacerse en el nacimiento de la espalda la próxima vez que vaya a Cancún.

Sinembargo, aquello me llamó la atención.

—Lila —le dije—, ¿y qué pasa con Ted?

Es que, desde que al fin Ted logró reunir el valor necesario para invitarla a salir, él es lo único en lo que Lila ha pensado a lo largo de este año. Bueno, él y las rebajas de Prada o los tatuajes en la espalda.

—Eso se ha acabado —contestó Lila mientras comenzaba a servirse lechuga—. Esta noche voy a salir...
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