Nocturna chuck hoggan

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NOCTURNA
GUILLERMO DEL TORO Y CHUCK HOGAN

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Fotografía de Guillermo del Toro: Karolina Webb Fotografía de Chuck Hogan: Douglas Levy Título original: The Strain © 2009, Guillermo del Toro y Chuck Hogan Publicado por acuerdo con William Morrow, editorial de HarperCoUins Publishers © De la traducción: 2009, Santiago Ochoa © De esta edición: 2009, Santillana Ediciones Generales, S.L. Torrelaguna, 60. 28043 Madrid Teléfono 91 744 90 60 Telefax 91 744 92 24 www.sumadeletras.com Diseño de cubierta: Ervin Serrano Diseño de interiores: Shubhani Sarkar Primera edición: junio de 2009 ISBN: 978-84-8365-148-3 Depósito legal: M-16.421-2009 Impreso en España por Dédalo Offset, S. L. (Pinto, Madrid) Printed in Spain Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier formade reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con autorización de los titulares de la propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y sgts. Código Penal).

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Dedicado a Lorenza, Mariana y Marisa, y a todos los monstruos de mi habitación infantil:espero que nunca me dejen solo. —GDT Para mi Lila. —CH

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NOCTURNA

LIBRO I DE LA TRILOGÍA DE LA OSCURIDAD

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La leyenda de Jusef Sardu
Había una vez —dijo la abuela de Abraham Setrakian— un gigante. Los ojos de Abraham se iluminaron y, de pronto, la sopa borscht que humeaba en el plato de madera le pareció más sabrosa, como si el picante gusto a ajo se hubiera esfumado. Era unchico pálido y enfermizo, casi raquítico y de ojos grises. Para animarlo a comer, su abuela se sentó frente a él y lo entretuvo con un cuento. Una bubbeh meiseh, un «cuento de abuela», una fábula, una leyenda. —Era el hijo de un noble polaco y se llamaba Jusef Sardu. El señorito Sardu era más alto que cualquier hombre o techo de su aldea. Para cruzar por cualquier puerta tenía que inclinarse tantocomo si estuviera haciendo reverencia a un rey. Pero su gran estatura era un lastre: una enfermedad de nacimiento y no una bendición. El joven sufría mucho; sus músculos no tenían la fuerza suficiente para sostener sus largos y pesados huesos. En algunas ocasiones le costaba incluso caminar. Utilizaba un bastón, una vara larga más alta que tú, con una empuñadura de plata coronada con la cabeza delobo del emblema familiar. —¿Sí, Bubbeh? —dijo Abraham entre una cucharada y otra. —Era lo que le había tocado en la vida, y le enseñó la humildad, algo realmente ausente cuando de un noble se trata. Sentía mucha compasión por los pobres, los trabajadores y los enfermos. Era particularmente afecto a los niños de la aldea, y sus bolsillos grandes y profundos —del tamaño de sacos repletos de nabos—siempre estaban colmados de baratijas y golosinas. Prácticamente no había tenido una infancia, pues a los ocho años ya tenía la misma estatura de su padre, y a los nueve le llevaba una cabeza. Su fragilidad y gran estatura eran una vergüenza secreta para su padre. Pero el señorito Sardu era realmente un gigante amable, muy querido por su gente. Decían que, aunque estuviera por encima de los demás,él no menospreciaba a nadie. La abuela le hizo un gesto con la cabeza para recordarle que tomara otra cucharada. El masticó una remolacha hervida, llamada «corazón de bebé» debido a su color, forma y fibras casi capilares.

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—¿Sí, Bubbeh? —Era amante de la naturaleza y no le interesaba la brutalidad de la caza, pero, como noble y hombre de rango, a los quince años su padre y sus tíos lepidieron que los acompañara en una expedición de seis semanas a Rumania. —¿Vinieron aquí, Bubbeh? —preguntó Abraham—. ¿El gigante estuvo aquí? —Fueron a los oscuros bosques del norte, kaddishel. Los Sardu no vinieron a cazar jabalíes, osos ni alces. Vinieron a cazar lobos, el símbolo de la familia, el emblema de la casa de Sardu. Iban tras animales de caza. La tradición de la familia Sardu decía que...
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