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  • Publicado : 16 de diciembre de 2010
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Con Pedro Páramo culmina el desarrollo literario de Rulfo, quien despliega allí todas las consecuencias de un totalitarismo como el cacicazgo.

Cuentan que el padre prometió a Rulfo llevarlo con el padrino, cura de Comala; esta población se ubica en las laderas occidentales de los volcanes de Colima, por la cara opuesta a la que se observa desde Zapotlán el Grande (hoy Ciudad Guzmán) y Sayula.La muerte impidió que el padre cumpliera su promesa, pero en el hijo ésta quedó —junto con la imagen del pueblo natal al que volvió cuando ya estaba abandonado— como uno de esos impulsos que señalan hasta dónde una obra maestra pudo no haber existido o bien ser muy distinta de como se ha fijado, puesto que dichos impulsos se produjeron en un tiempo presente, abierto siempre a otras posibilidades,a otras realizaciones.

El hijo, entonces, viaja simbólicamente a Comala después de vencer numerosas resistencias, como los sacudimientos de la infancia, como el trasplante a la ciudad de México, como una inserción precaria en la creciente burocracia federal, como los fallidos intentos de escribir con temas urbanos y como el rechazo —entre algunos colegas— al código estético que daría sustento asu obra máxima, rechazo que se evidenció en las discusiones entre asesores y becarios cuando Juan Rulfo era uno de estos últimos en el Centro Mexicano de Escritores, hacia comienzos de los años cincuenta. Esas discusiones mostraban una oposición creciente, en representantes de las nuevas generaciones, a una visión de la literatura que volvía los ojos a escenarios conocidos y a problemas alparecer ya resueltos.

Y fue así como, para la existencia de El Llano en llamas y sobre todo de Pedro Páramo, el mencionado Centro cumplió un papel importante, ya que ofreció subsidio al escritor y le exigió defender su proyecto ante quienes poseían otras visiones acerca de cuanto debía ser la literatura en un país volcado hacia la modernidad.

Asimismo, algunas de las leyendas sobre la gestación yla fijación de Pedro Páramo provienen de los participantes de aquellas sesiones, como Juan José Arreola, quien comentó que en una sola tarde varias manos sellaron el orden definitivo de los fragmentos. Tal anécdota convertiría la novela en un producto hasta cierto punto colectivo, lo cual puede interpretarse como un deseo de figurar en la historia de una obra maestra y asimismo como un intento derestituir ésta a uno de sus orígenes, que es justamente la colectividad.
Voces y ánimas
Uno de los rasgos más poderosos en Pedro Páramo es la presencia de voces fantasmales y de ánimas en pena, y ello permite al autor exhibir la inmensa gravedad de la violencia y de la cerrazón propia del cacicazgo y la Iglesia.

Los muertos tienen voz en la literatura por lo menos desde la Odisea, cuandoUlises desciende al Hades y dialoga con sus antepasados. También la Eneida, de Virgilio, y, ejemplarmente, la Divina Comedia, de Dante Alighieri, rompen la barrera entre la vida y la muerte para extender los territorios de la ficción hasta los dominios de aquello que, siendo ignoto e inescrutable, resulta capital para resolver las preguntas decisivas de la existencia.

La literatura mexicana—esencialmente realista, como fruto de los imperativos de una nación convocada a conformarse, conocerse y orientarse— rencuentra en Pedro Páramo las ricas posibilidades del entrecruzamiento de los vivos y los muertos, a partir de uno de los datos representativos de la mentalidad mestiza en la región del país donde transcurre la obra: la creencia de que quienes mueren sin gracia divina se condenan a vagarpor la tierra, hasta el día en que hallen el perdón y el descanso.

Ahora bien, las casas, los pueblos —en suma la arquitectura—, fortalecen y agravan dicha fe, con sus altos techos de viga, sus galerones propicios al eco, sus magnitudes fantasmales, sus densas paredes de piedra, adobe o ladrillo.

Y, si los muertos pesan siempre, su hondura en Pedro Páramo se adensa al punto de que usurpan...
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