Novela

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  • Publicado : 10 de marzo de 2012
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Juego peligroso.

El aire fresco y húmedo llegaba rosando levemente el rostro de Karen Williams. Levanto la vista para cerciorarse de que aun la lluvia, compadecida por ella, se retenía a ser liberada. Suspiro. ¿Por qué se le había ocurrido la idea de querer irse sola a su casa esta tarde? En estos momentos no tendría que estar esperando sola, soportando el frio y el mal clima si hubieraaceptado que su novio, Adolfo, la llevara hasta su casa. Pero hoy se había levantado con las ganas de tener un dia diferente, comenzaba a creer que su vida se volvia muy monótona, asi que había querido cambiar las cosas un poco. Diario era lo mismo, se levantaba a las 9 para la universidad, si Adolfo no quedaba con ella de recogerla, su madre la llevaba. 5 horas de clases, caminar por los pasillosescuchando las mismas voces, observando a los mismos grupos de personas. Salir, irse con su novio. Llegar a su casa, comer, hacer tarea, chatear un poco y mirar televisión, para a las 9 bañarse y volver a dormir. Estaba cansada de eso, necesitaba algo nuevo, tal vez consideraría tomar clases de baile o buscaría un club al cual unirse.
Karen se consideraba la típica universitaria. No se quejaba de suvida, tenia una familia que la quería, aunque no faltaban las ocaciones en que había disgustos entre ellos. Tenia un novio que la quería, y estaba a solo un año y medio de concluir su carrera. Ella no se consideraba la mujer mas hermosa del mundo, bien sabia que había muchas mas y mejores. Pero estaba feliz con lo que era: cabello de aspecto caireloso, de un tono semejante al de sus ojos, caféclaro. De un metro setenta de altura, muchos la consideraban alta, salvo sus padres y novio, siendo ellos mas altos que ella. Su cuerpo, si bien no era 90-60-90, era definidio y sus curvas sobresalían lo necesario, ni mas ni menos. Ella estaba feliz con eso pues no padecía a ser una “palilla”, como solia llamar su madre a las mujeres que estaban demasiado delgadas, sin duda era feliz con su cuerpo.No podría decir que un hombre babearía por ella pero si estarían satisfechos, tampoco fuera que tuviera unos grandísimos senos como los de Sabrina o Kendra, ciertamente eso a ella le causaba asco. ¿Cómo podían los hombres amar algo plástico? Jamás lo entendería.
Su familia era muy normal, su padre trabajaba en una empresa y estaba a pasos de ser ascendido como sub-gerente. Su madre, de la mismaaltura que ella, se ocupaba del hogar, aunque también le gustara la política. No eran millonarios pero siempre habían vivido bien. Sus padres se encargaban, desde pequeña, de satisfacerla, si bien en no todo lo que deseara, si en todo lo que necesitara. Le habían brindado la educación que fuera necesaria para que pudiera depender muy pronto de ella misma. Ahora gozaba de una relación sentimental.Como ella, Adolfo estudiaba en la universidad en la carrera de leyes, desde que lo había conocido se había llevado muy bien con el. Alto, de tez blanca y cabello alborotado hermoso, el era el tipo de hombre que había querido encontrar desde hace mucho. El había resultado ser uno de los hijos del coordinador de la ciudad, este era un buen amigo de su madre y ella, al saber quien era el padre deAdolfo, había aceptado la relación sin ningún pretexto. Su madre se regia mucho por el estatus de las personas. Ella siempre decía que en una pareja, no solo tenia tenia que existir el amor, pues con este no se alimentaba a los hijos, también tenían que tener dinero. Que el hombre que Karen eligiera debía tener una carrera, un soporte económico… que en lo mayor posible fuera como su hija, pues ¿Deque servia que se amaran si toda una vida permanecerían peleando por saber quien de ambos era el culpable por vivir en la miseria? Karen sabia que su madre tenia razón. Ella siempre había tenido la misma visión que su progenitora. Y cualquiera podía decir que lo que ella buscaba era inalcanzable. ¿Amor y dinero? Un privilegio muy grande para un simple mortal, pero ella sabia que eso era posible, y...
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