Novelas cortas

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Cirque Du Freak Libro 11
LA SAGA DE DARREN SHAN
EL SEÑOR DE LAS SOMBRAS
por
Darren Shan

Traducción:
Sandra Hernández


Para:

Bas ( mi chica trotamundos)

La OES (Orden de las Entrañas Sangrientas):
Maiko “Dedos Verdes” Enomoto
Megumi “La Voz” Hashimoto
La “Reina” Tomoko Taguchi
“Ojo de Águila” Tomoko Aoki
Yamada “Papá” san
y el resto del equipo Shan japonés, que trabajótan duro para hacer de junio del 2003 una época tan especial para mí.

El equipo de redacción:
Gillie “la Catedrática” y Zoe “la Mami”

Las luces guía:
la pandilla de Christopher Little

PRÓLOGO
En la distancia se estaba formando una ola de sangre. Roja, impresionante, coronada por chisporroteantes cabezas de fuego. Sobre una vasta llanura, aguardaba una masa de vampiros. Todos ellos,unos tres mil, se enfrentaban a la embestida de la ola. En la retaguardia, separado de la multitud, estaba yo solo. Intentaba abrirme paso (quería estar con el resto del clan cuando la ola lo alcanzara), pero una fuerza invisible me mantenía atrás.
Mientras forcejeaba, rugiendo en silencio (aquí no sonaba mi voz), la ola se iba acercando cada vez más. Los vampiros se apretujaron, aunando susfuerzas, aterrados pero orgullosos, afrontando la muerte con dignidad. Algunos apuntaban lanzas o espadas hacia la ola, como si con ello pudieran contenerla.
Ahora más cerca, casi encima de ellos, con medio kilómetro de altura, extendiéndose en una línea uniforme a través el horizonte. Una ola de llamas crepitantes y sangre hirviente. La Luna desapareció tras la cortina carmesí y una oscuridadrojo sangre descendió.
Los primeros vampiros fueron devorados por la ola. Lanzaban gritos de agonía mientras eran aplastados, ahogados o quemados hasta morir, y sus cuerpos arrojados, como pedazos de corcho, al interior del corazón de la ola escarlata. Me estiré hacia ellos (¡mi gente!) y rogué a los dioses de los vampiros que me liberasen, para poder morir con mis hermanos y hermanas de sangre.Pero seguía sin poder traspasar el límite invisible.
Más vampiros desaparecieron bajo la furiosa marea de fuego y sangre, perdidos en la ola de despiadada rojura. Un millar de vidas extinguidas… Mil quinientos guerreros eliminados… Dos mil almas enviadas volando al Paraíso… Dos mil quinientos alaridos de muerte… Tres mil cadáveres, agitándose y ardiendo entre las llamas.
Y entonces sólo quedéyo. Mi voz regresó, y caí de rodillas con un grito desolado, elevando una mirada llena de odio a la cresta de la ola mientras ésta se balanceaba sobre mi cabeza. Vi rostros dentro de las paredes de sangre llameante: mis amigos y aliados. La ola me provocaba con ellos.
Entonces vi que algo planeaba en el aire, por encima de la ola, una criatura mítica, pero, oh, qué real. Un dragón. Largo,resplandeciente, escamoso, terroríficamente hermoso. Y sobre su espalda… una persona. Una figura de oscuridad palpitante. Era casi como si su cuerpo hubiera sido creado con sombras.
El hombre sombrío se echó a reír al verme, y su risa fue un cacareo fantasmal, maligno y burlón. A una orden suya, el dragón descendió raudamente, hasta situarse a sólo unos cuantos metros de mí. Desde allí pude ver lasfacciones del jinete. Su rostro era una masa de danzantes parches de oscuridad, pero al entornar los ojos lo reconocí: Steve Leopard.
—Todo ha de caer ante el Señor de las Sombras —dijo suavemente Steve, y señaló detrás de mí—. Ahora, este mundo es mío.
Al darme la vuelta, vi una vasta zona de tierra baldía sembrada de cadáveres. Sobre los cuerpos muertos se arrastraban sapos gigantes, siseantespanteras negras, grotescos mutantes humanos y otras criaturas y figuras de pesadilla. En la lejanía ardían ciudades, y, sobre mi cabeza, grandes nubes de humo y llamas con forma de hongo llenaban el aire.
Volví a mirar a Steve, y le lancé un desafío:
—¡Enfréntate a mí en el suelo, monstruo! ¡Lucha conmigo ahora!
Steve se limitó a reír, y luego agitó una mano ante la ola de fuego. Hubo un...
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