Obra el misterio de gaia resumen x capitulos

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EL MISTERIO DE GAIA (Primera Parte)
EL MISTERIO DE GAIA
Capítulo 1
 
Esa tarde Lan nadó sin detenerse durante varios minutos. Al fin llegó a la plataforma donde se cultivaban perlas. Estaba hecha de madera, protegida con aceite negro. Al tocarla sintió cómo sus manos se adherían a la superficie pegajosa.
Unos hombres movían el contenido de enormes tinas usando varas de bambú como siestuvieran preparando sopa para caníbales; otros, llenaban cubetas con el caldo y las acomodaban en filas interminables.
Olía a sudor y a pescado.
Dos gendarmes pasaron caminando junto a él. Se sumergió para no ser descubierto. Después volvió a sacar la cabeza del agua muy despacio. Identificó entre los trabajadores algunas caras conocidas: amigos, familiares, vecinos; todos ellos vigilados porlos grotescos verdugos vestidos con ropa oscura. Les decían los "abaddones". Se rumoraba que sufrían una rara enfermedad y no podían exponer su piel al sol. Eran seres extraños, misteriosos. No comían el alimento de las personas. De vez en cuando daban bocanadas al aire para aspirar una sustancia del ambiente. Eso los mantenía fuertes. Cuidaban los campos de trabajo y ejercían una poderosainfluencia mental sobre los prisioneros.
Uno de los esclavos se tropezó y dejó caer la cubeta que cargaba. Cientos de almejas se esparcieron en el piso engrasado. Lo que Ian observó a continuación le quitó el aliento: Varios trabajadores se acercaron al hombre que estaba en cuclillas tratando de recoger las conchas y comenzaron a golpearlo con las varas de bambú.
¿Qué era todo eso? ¿Cómo podían losvecinos y familiares de la isla ser tan crueles con uno de sus compañeros?
El pobre sujeto se arrastró por la plataforma. Su cuerpo magullado se había ensuciado con el aceite pegajoso dándole un aspecto espeluznante, Ian tuvo miedo, pero su angustia se convirtió en terror cuando lo reconoció.
Era su padre.
Susurró:
—Papá... ¿Qué te hicieron?
El hombre se asombró al ver a su hijo en elagua.
—¡Ian! ¿Qué haces aquí? ¡Vete! Pronto...
Un abaddón escuchó la corta plática y se giró con velocidad felina.
Por varios segundos Ian observó los ojos siniestros del verdugo; las pupilas le brillaron con esplendor rojizo. Sólo un animal podía ver de esa manera. Ian nunca había creído en los cuentos de horror, pero entendió que los poderes con los que esos seres controlaban a tanta gentedebían provenir de los mismos abismos infernales.
Se echó a nadar de regreso a la isla. Sabía que ellos podían alcanzarlo en un barco con facilidad, pero lo dejaron escapar. Al fin y al cabo, lo habían visto y sabrían dónde encontrarlo.
 
Capítulo 2
 
Llegó a su casa angustiado y fatigado. Su mamá estaba sentada a la mesa dándole clases al pequeño Jacco. En la isla no había escuelas, peroalgunas mujeres enseñaban a sus hijos a leer y escribir.
Ian les contó lo sucedido. Salme agachó la cara consternada, luego se puso de pie y miró de frente al joven.
—Todo va a estar bien, hijo.
—¿Cómo puedes decir eso, mamá? ¡Estamos condenados a morir! ¡Esta isla se está pudriendo!
—No digas eso, Ian. Debemos tener esperanza.
—¿Esperanza? ¡Los habitantes de Gaia están llenos de miedo yodio! ¡Aborrecen al dictador, pero hacen lo que él dice! ¿Por qué?
—¡Somos esclavos! —comentó el pequeño Jacco—, ¿qué esperabas?
—Tú apenas tienes diez años, hermanito. ¡Yo tengo diecisiete! Muy pronto me llevarán a trabajar para los abaddones en las minas de carbón, los sembradíos, o el cultivo de perlas, y no quiero...
—Mamá —preguntó Jacco—, ¿ese es nuestro destino? ¿Ser esclavos?
Salmeabrazó a sus dos hijos. La realidad era demasiado cruda para tratar de ocultarla.
—Sí. A menos que... hagamos algo... Pedir ayuda al emperador... tal vez...
—¡Ni siquiera sabemos si existe ese señor! —protestó Ian—, algunos dicen que es sólo una leyenda.
—¡El emperador existe! —dijo la mujer—. Puedo asegurarlo.
Los muchachos se miraron con un destello de esperanza. Ian cuestionó:...
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