Observadores

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LOS OBSERVADORES
Aquella noche todos salieron de sus casas y miraron al cielo. Dejaron las cenas,
dejaron de lavarse o de vestirse para la función, y salieron a los porches, ahora no tan
nuevos, y observaron el astro verde, la Tierra. Fue un movimiento involuntario; todos lo
hicieron, para comprender mejor las noticias que habían oído en la radio un momento
antes. Allá estaba la Tierra yallá la guerra inminente, y allá los cientos de Infles de
madres o abuelas, padres o hermanos, tías o tíos, primas o primos. De pie, en los
porches, trataban de creer en la existencia de la Tierra, tanto como en otro tiempo habían
tratado de creer en la existencia de Marte. El problema se había invertido. En la práctica
era como si la Tierra estuviese muerta; la habían abandonado hacía ya tres ocuatro años.
El espacio era un anestésico; cien millones de kilómetros de espacio lo insensibilizaban a
uno, dormían la memoria, despoblaban la Tierra, borraban el pasado y permitían que los
hombres de Marte continuaran trabajando. Pero ahora, esta noche, se levantaban los
muertos, la Tierra volvía a poblarse, la memoria despertaba, miles de nombres venían a
los labios. ¿Qué haría fulano esanoche en la Tierra? ¿Y zutano o mengano? Las gentes
de los porches se miraban de reojo.
A las nueve, la Tierra pareció estallar, encenderse y arder. Las gentes de los porches
extendieron las manos como para apagar el incendio.
Esperaron. A medianoche, el fuego se extinguió. La Tierra seguía allí. Un suspiro
surgió de los porches como una brisa otoñal.
- No tenemos noticias de Harry.
- Estábien.
- Tendríamos que enviarle un mensaje a mamá.
- Está bien.
- Tendríamos que enviarle un mensaje a mamá.
- Está bien.
- ¿Crees que estará bien?
- No te preocupes.
- ¿Crees que no le pasará nada?
- Claro que no. Vamos a acostarnos.
Pero nadie se movió. Llevaron las cenas atrasadas a los prados nocturnos, las sirvieron
en mesas plegables, y comieron lentamente hasta las dos de lamañana. El mensaje
luminoso de la radio flameó en la Tierra y todos leyeron las luces del código Morse, como
una luciérnaga lejana.
CONTINENTE AUSTRALIANO ATOMIZADO EN PREMATURA EXPLOSIÓN
DEPÓSITO BOMBAS ATÓMICAS.
LOS ÁNGELES, LONDRES, BOMBARDEADAS.
VUELVAN. VUELVAN. VUELVAN.
Se levantaron de las mesas.
VUELVAN. VUELVAN. VUELVAN.
- ¿Has tenido noticias de Ted este año?
- Y... ya sabes, con unfranqueo de cinco dólares por carta no escribo mucho a mi
hermana.
VUELVAN.
- ¿Qué será de Jane? ¿Te acuerdas de mi hermanita Jane?
VUELVAN.
A las tres, en la helada madrugada, el dueño de la tienda de equipajes alzó los brazos.
Calle abajo venía mucha gente.
- No he cerrado a propósito. ¿Qué desea, señor?
Al amanecer, las maletas habían desaparecido de los estantes.
LOS PUEBLOSSILENCIOSOS
A orillas del seco mar marciano se alzaba un pequeño pueblo blanco, silencioso y
desierto. No había nadie en las calles. Unas luces solitarias brillaban todo el día en los
edificios. Las puertas de las tiendas estaban abiertas de par en par, como si la gente
hubiera salido rápidamente sin cerrar con llave. Las revistas traídas de la Tierra hacía ya
un mes en el cohete plateado, aleteaban alviento, intactas, ennegreciéndose en los
estantes de alambre frente a las droguerías.
El pueblo estaba muerto; las camas vacías y heladas. Sólo se oía el zumbido de las
líneas eléctricas y de las dinamos automáticas, todavía vivas. El agua desbordaba en
bañeras olvidadas, corría por habitaciones y porches, y nutría las flores descuidadas de
los jardines. En los teatros a oscuras, las gomasde mascar que aún conservaban las
marcas de los dientes se endurecían debajo de los asientos.
Más allá del pueblo había una pista de cohetes. Allí donde la última nave se había
elevado entre llamaradas hacia la Tierra, se podía respirar aún el olor penetrante del
suelo calcinado. Si se ponía una moneda en el telescopio y se apuntaba hacia el cielo,
quizá pudieran verse las peripecias de la...
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