Opinión pública y “libertades de expresión” en el constitucionalismo español (1726-1845)

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OPINIÓN PÚBLICA Y “LIBERTADES DE EXPRESIÓN”
EN EL CONSTITUCIONALISMO ESPAÑOL (1726-1845)

Resumen.Durante el siglo XVIII español, el concepto de opinión pública equivalía a “opinión de la multitud”, lo que podía entrañar un juicio equivocado. A finales de este siglo, sin embargo, empieza a adquirir connotaciones cualitativas y adquiere las notas propias que le otorgaría el liberalismo, comoinstrumento de guía y control del gobernante. El liberalismo progresista posterior añadió la idea de que sólo los ciudadanos activos, que participaban en política, expresaban la verdadera opinión pública, que se transmitía a través del  ejercicio de libertades naturales y que limitaba sólo al Ejecutivo a través de la responsabilidad moral. El liberalismo moderado, sin embargo, restringió la opiniónpública a los ciudadanos instruidos, distinguiendo entre opinión legal (expresada por el Parlamento) y natural (derivada de los ciudadanos). Una opinión que sólo podía manifestarse a través de medios jurídicos reglados: la libertad de prensa, el derecho de petición y el sufragio.Palabras clave. Opinión pública, Libertad de imprenta, Derecho de petición, Voluntad generalI.- INTRODUCCIÓN 1. En1662, Blaise Pascal formulaba entre sus Pensamientos una máxima que habría de ser premonitoria para el futuro pensamiento político: “La opinión es como la reina del mundo, pero la fuerza es su tirano”[1]. Aun sin pretenderlo, Pascal había expresado metafóricamente la postrera relación que el liberalismo iba a establecer entre la Sociedad –ámbito de la opinión– y el Estado –terreno de la fuerzapública–. Una relación en la que la autonomía de ambas esferas (Sociedad y Estado) se disipaba mediante la opinión pública, como medio a través del cual la Nación consolidaba sus libertades frente al poder público. 2. Estas premisas liberales supusieron una alteración de los postulados sustentados por el Despotismo Ilustrado. Para este último, la opinión pública era, en principio, irrelevante, todavez que el gobernante (ilustrado y asesorado por unas elites intelectuales, generalmente integradas en Consejos) era el único capacitado para interpretar el bienestar público y la prosperidad común. Incluso el engaño al pueblo quedaba legitimado, si con ello se lograba la felicidad pública[2]. Sin embargo, el propio programa social ilustrado, orientado a instruir a la Sociedad, llevaría implícito uncambio de esta situación, ya que acabaría otorgando a los ciudadanos una capacidad de crítica que les llevaría a superar su condición de meros gobernados. Por ese motivo, cuando Kant (y poco después Fichte) alzaba la voz con su Sapere Aude! incitaba al individuo a abandonar su minoría de edad política, a desterrar las bases del Despotismo Ilustrado y a convertirse en un sujeto activo de lasrelaciones políticas[3]. 3. El liberalismo acentuó este protagonismo del individuo en la vida pública, aunque lo hizo sobre premisas bien distintas a las que sustentaría el futuro pensamiento democrático. Para el liberalismo, lo relevante no era tanto convertir a los gobernados en gobernantes (mediante derechos de participación) sino garantizar la esfera de libertades frente al Estado, hasta el puntode que los derechos políticos no serían más que instrumentos de defensa de los derechos de libertad. El liberalismo trató de garantizar la autonomía social a través de técnicas de estructuración del poder, entre las que el principio de legalidad, y la sempiterna idea de la división de poderes ocuparon un lugar privilegiado. Pero, aparte de estas técnicas organizativas, utilizará otro instrumento:la opinión pública, como expresión de las ideas de la Sociedad y, por tanto, como guía y como crítica de la actuación del poder público. Así, la “reina del mundo”, la opinión expresada por la Sociedad, modularía la fuerza pública, evitando su tiranía. 4. Como se verá en este artículo, España no es ajena a este creciente papel de la opinión pública. Su protagonismo en las relaciones políticas...
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