Origen de musica religiosa

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  • Publicado : 19 de julio de 2009
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Para los antiguos eclesiásticos, la música arrastraba muchedumbre a creencias profanas. Bajo ese preconcepto, siguiendo a pasaje bíblicos, fue juzgado de infiel el jefe de la tribu israelita Efraim por conducir al aprisco a las ovejas descarriadas no a través de la sabia Palabra del Maestro sino de acordes musicales; y el heresiarca Bardenase por servirse del atractivo de las melodías paraconvertir una multitud de cristianos a su doctrina.
Pero con la divulgación del cristianismo en el siglo IV en algunas iglesias europeas habían de correr en copias manuscritas las primeras partituras. Por entonces, San Ambrosio, obispo de Milán, introdujo música sacra en las misas
(‘Te Deum laudamus’ y ‘Te Dominum confiemur’), además del canto coral de poesías religiosas en sencillos metros. Talacontecimiento, sin embargo, fue duramente reprobado dos siglos más tarde por el Papa Gregorio El Grande, aduciendo que la liturgia con invocaciones al cielo, a la Pasión y a los salmos consistía en lealtad al Señor por medio de la voz humana no de la música:
…puesto que las melódicas canciones dispersan y desordenan la oración
del creyente ante el altar.(‘Vida de San Gregorio’, de Juan del Diacono).
Con la pobreza de esos argumentos, los monjes benedictinos del siglo VII al IX quejáronse de que la música era una llave de puertas secretas, de horizontes infernales y finalidades no cristianas, cuando no los instrumentos de tañidores detestables, frívolos y libertinos. Y no sólo eso; también suscitaron en cristianos el temor a la música conleyendas de que a San Pedro la lira y siringa les causaban malos recuerdos, que a los gentiles el barbito de Safo les evocaba imágenes escandalosas, y que al rey babilónico Nabuconodosor los salterios le excitaban sexualmente con danzarinas desnudas en torno a su mesa. Cuéntase que por entonces Hans Kotter, director de coro de la catedral de Berna, lloró ante su órgano destruido a hachazos por una turbade la orden benedectina (‘Música religiosa’ de Fred Hamel), y que uno de entre tantos juglares en las puertas de una Iglesia por feligreses fue merecedor de castigos corporales, porque pulsaba los utensilios de Satanás.
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A despecho de esos antecedentes, eclesiásticos del siglo XVI comprendieron muy bien que nosolamente en forma oral se alcanzaba la fe en Cristo y en los libros apostólicos, también con mucha más riqueza en la mente y el corazón a través de la música. Y buscaron en probar ese acierto con quienes en el Antiguo y Nuevo Testamento oraban al Ser Divino acompañados del arpa y de la citara. De resultas que por mandato de aquellos hombre del clero permitióse en misa el recitado con fondo musical de lospoemas de Santo Tomás de Aquino, de Adam de Víctor, del prelado griego San Isidro, del buen músico Hilario de Poitiers, de Tomás de Centeno, autor del sorprendente ‘Die irae’, rimado, según la leyenda, por un Benville del siglo XIII.
Pero, ¿cómo oponerse en la Edad Moderna a la música en descripciones épicas de la vida de Cristo y de los apóstoles? ; ¿cuál medio había de impedir quemúsicos del siglo ‘aclimatasen’ sus obras en los oficios religiosos?, y últimamente, ¿era posible en misa resistirse al decoro sonoro con evocaciones al Señor?
El Papa Marcelo II en su homilía declaró que con música la palabra de Dios, los textos bíblicos y la liturgia habían de llegar directamente a la conciencia del creyente; por separado, los obispos en el Concilio de Trento dieron mandado paraacompañarse el loor a Cristo y los santos con música sacra, y, años más tarde, el Papa Pío II ordenó la puesta en música de todos o la mayoría de los pasajes bíblicos. A tenor de los ‘nuevos vientos en Roma’, Giovanni Pierluigi, o simplemente Palestrina, compuso siete ‘Canciones sacras’, además de piadosos motetes y salmos; lo mismo, Emilio Cavallieri con el oratorio ‘Representazione di animae...
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