Pachuco y otros extremos- laberinto de la soledad

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  • Publicado : 16 de noviembre de 2010
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El Laberinto De La Soledad

*El Pachuco y Otros Extremos
A todos se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precioso. Casi siempre esta revelación se sitúa en la adolescencia. Es cierto que apenas nacemos nos sentimos solos; pero niños y adultos pueden trascender su soledad y olvidarse de si mismos atreves de juego o trabajo. En cambio el adolescente vacilanteentre la infancia y la juventud, queda suspenso un instante ante la infinita riqueza del mundo. El adolescente se asombre de ser.
A los pueblos en trance de crecimiento les ocurre algo parecido. Su ser se manifiesta como interrogación: ¿Qué somos y como realizamos eso que somos? Muchas veces las respuestas que damos a estas preguntas son desmentidas pos la historia.
Despertar a la historiasignifica adquirir conciencia de nuestra singularidad, momento de reposo reflexivo antes de entregarnos al hacer. “Cuando soñamos que soñamos esta próximo el despertar”.
El adolescente ignora las futuras transformaciones de ese rostro que ve en el agua. La mascara del viejo es la historia de unas facciones amorfas, que un día emergieron confusas, extraídas en vilo por una mirada absorta.
Pensaba queuna obra de arte o una acción concreta definen más al mexicano. No solamente en tanto que lo expresan sino en cuanto al expresarlo lo recrean. Las especulaciones sobre el pretendido carácter de los mexicanos, hábiles subterfugios de nuestra impotencia creadora. El sentimiento de inferioridad influye en nuestra predilección por el análisis y que las escasez de nuestra creación se explica no tantopor un crecimiento de las facultades criticas a expensas de las creadoras, como por una instintiva desconfianza acerca de nuestras capacidades.
En nuestro territorio no solo conviven diversas razas y lenguas, sino varios niveles históricos. Hay quienes viven antes de la historia; otros como los otomíes desplazándose por sucesivas invasiones. Las épocas viejas nunca desaparecen completamente ytodas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía.
Todos pueden llegar a sentirse mexicanos. Basta, por ejemplo, con que cualquiera cruce la frontera para que, oscuramente, se haga las mismas preguntas que se hizo Samuel Ramos en “El Perfil del Hombre y la Cultura en México”.
Al iniciar mi vida en los Estado Unidos residí algún tiempo en Los Ángeles. A primera vista sorprende al viajerola atmosfera vagamente mexicana de la ciudad. Esta mexicanidad flota en el aire, no se mescla ni se funde con el otro mundo, hecho de presión y eficacia, flota: no acaba de ser, no acaba de desaparecer. Algo semejante ocurre con los mexicanos que uno encuentra en la calle. Cuando se habla con ellos se advierte que su sensibilidad se parece a la del péndulo. Este estado de espíritu (o ausencia deespíritu) ha dado lo que se ha dado a conocer como el “pachuco”.
Los “pachucos” son bandas de jóvenes, que viven en las ciudades del Sur y que se singularizan tanto por su vestimenta como por su conducta y su lenguaje. No reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados.
El “pachuco” no quiere volver a su origen mexicano; tampoco desea fundirse a la vida norteamericana… “pachuco”vocablo de incierta filiación, que dice nada y dice todo. No pretende manifestar su adhesión a secta o agrupación alguna. Figura portadora del amor y la dicha o el del horror y la abominación, el pachuco parece encarnar la libertad, el desorden, lo prohibido.
El mexicano, fácil a la efusión sentimental, la rehúye. Vivimos encimados como esos adolescentes taciturnos.
La existencia de un sentimiento dereal o supuesta inferioridad podría explicar la reserva con la que el mexicano se presenta ante los demás y la violencia inesperada con que las fuerzas reprimidas rompen esa mascara impasible. Pero mas vasta y profunda que el sentimiento de inferioridad, yace la soledad.
En todos lados el hombre esta solo, bajo la gran noche de piedra de la Altiplanicie, poblada todavía de dioses insaciables,...
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