Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu

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  • Publicado : 2 de junio de 2011
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“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”
Luego de tres años en compañía de sus discípulos y de una entrada triunfal en la que el pueblo lo recibía con júbilo como un rey, Jesús pronuncia estas palabras al sufrir un largo, terrible y doloroso martirio. Repito: largo, terrible y doloroso martirio. Ha sido vejado, humillado, traicionado y abandonado. Lo han desnudado, flagelado, le hancolocado una corona de espinas; se han burlado de Él, lo han escupido e insultado sin merecerlo, sin haber hecho sino el bien. En fin, todo se trata de una fatal y cruel injusticia.
Y así, al igual que a Jesús, en nuestras vidas nos encontramos en situaciones en las que no comprendemos por qué nos han abandonado, por qué no nos han querido, por qué nos han traicionado -incluso quienes más amamos-, porqué se empeñan en manchar nuestra reputación.
O quizás somos nosotros los que nos hemos convertido en verdugos de un inocente, de un inocente que nos ha hecho solo bien y, sin embargo, le pagamos con traición, con desamor, con humillación y abandono. Si este es el caso, Cristo nos demuestra que para nosotros también hay perdón, pues estando ya clavado en la cruz, le pide al Padre que nosperdone. Quiere decir que no importa qué hayamos hecho, cuánto daño le hayamos hecho a otros, Jesús intercede por nosotros y se ofrece en sacrifico vivo por el perdón de nuestros pecados. No hay nada que no pueda perdonarnos si nos acercamos sinceramente arrepentidos como lo expresa el salmo 51, 17: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”.
Jesús desde el principio es ejemplo demansedumbre y misericordia al pedir al Padre que nos perdone convirtiéndose en intercesor, en mediador entre nosotros y el Padre. Jesús nos enseña con su comportamiento a ser misericordiosos y a perdonar a aquellos que nos han hecho daño injustamente. De hecho, desde el principio se somete a la voluntad del Padre confiando plenamente y abandonándose en Él cuando orando expresa: “Padre, si quieresaleja de mí este cáliz de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Dame tu fuerza que eso me basta”. (Lucas 22: 39-49)

Desarrollo
Ahora, a punto de morir, Jesús expresa: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. A Jesús todos le fallaron. Le falló la justicia cuando Pilato se lava las manos y lo entrega. El pueblo que lo había recibido como a un rey, ahora lo desprecia y pide quelo crucifiquen. Sus mejores amigos, pues sus amados discípulos sienten miedo y se esconden. Pedro lo niega tres veces. Muchos lo abandonan. Sólo unos pocos lo acompañan en su agonía. Ya en la cruz, a punto de morir y tras haberse sentido abandonado por su Padre quien se mantenía en silencio absoluto, encomienda su espíritu en las manos de su Padre. A pesar de este silencio, se mantiene firme,fiel, creyendo que Él lo cuida, lo protege y que cumplirá su promesa, que lo levantará de entre los muertos lleno de gloria.
¿Te ha fallado a ti la justicia? ¿Te fallaron los compañeros de trabajo? O, peor aún, ¿tu propio hijo, hija, hermano/a, padre, madre? ¿Acaso los hermanos/as de la iglesia? ¿Quién te ha lastimado? ¿Qué te ha hecho tanto daño? Cuando todos te dan la espalda, el Señor se mantienea tu lado. Él no voltea la cara, Él no pasa de largo, no se cambia de acera. Todo lo contrario, Él nos acepta tal y como somos, tal y como estamos, con todos nuestros pecados que manchan nuestra conciencia y nuestra alma, con nuestros miedos y debilidades. Y extiende nos sus manos. De hecho, hoy nos invita a encomendarnos en sus manos para que, junto a su hijo, resucitemos. Hoy Él extiende susmanos. ¡Entreguémosle nuestros corazones, nuestras vidas, nuestro pasado, nuestro presente y encomendémosle nuestro futuro! Con su muerte, Él limpia nuestros pecados para que resucitemos limpios, límpidos, brillantes, gloriosos, blancos, puros, livianos, transparentes. Con vestiduras nuevas, vestiduras limpias, vestiduras blancas. Con un corazón tan puro y blanco como la nieve. Con olor grato,...
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