Papelucho y el marciano

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  • Publicado : 1 de diciembre de 2010
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PAPELUCHO Y EL MARCIANO
Marcela Paz

ste es mi diario secreto y se prohíbe leerlo.
Hoy martes 13. El papá me dijo:
-Papelucho, ven a mi escritorio...
Cuando un papá le dice esto a uno, es igual a cuando San Pedro lo ataja en la puerta del cielo: de un run se agolpan los pecados y demás cuestiones. Y ni se saca nada con pensar que el famoso escritorio es puramente cuarto de tareas cuando elpapá no está. Y tampoco se saca nada con acordarse de que hace cinco minutos ese papá se lavaba los dientes en pijama arrugado y sin peinarse...
Papá juntó la, puerta con manos limpias y nerviosas y me encerró con él y todas mis culpas.
-Tú sabes por qué te he llamado -dijo.
-No tengo ni la mayor idea -contesté.
-Veamos... Pensemos un poco caballerito... -Se sentó en su silla sin sospecharque tiene una pata quebrada.
-Creo que sabes por qué estamos aquí.
-Si es por lo del gato, papá, quiero explicarle...
-No es por lo del gato -me irrumpió colérico.
-Si es por la custión del agua...
-No es la cuestión del agua -sus manos se ponían más limpias cada vez.
-Entonces sería mi zapato en el techo de la otra casa.
-¡No es por lo de tu zapato!
Papá traspasaba mis ojos y me hacíadoler la cabeza. Pero no leía mi pensamiento ni yo el suyo.
¿Qué habría hecho yo, Dios mío? Se me atropellaban las cosas: el atornillador que se tragó la cañería del lavaplatos cuando iba a sacar la., cucharita que no sirvió para salvar al grillo que se ahogaba. ¿O sería por lo de esas colleras que convertí en medallas hace tiempo? ¿O la crema de cara que le fabriqué de sorpresa a la mamá, un día?-Habrá que refrescarte la memoria -dijo la voz astronáutica del papá.
-Sí, papá -me apuré a contestar-. Este asunto de la memoria puede tener remedio. En el colegio hay montones de mala memoriados. Y también la mamá a veces se olvida de lo que va a decir. Parece que hay un profe que la perdió enterita y ni sabe cómo se llama. Pero yo creo que usted puede encontrar la suya. No se preocupe de lamía porque todavía soy joven y...
-¡Silencio! -bufó de repente interrumpiendo mi discurso-. ¡Basta!
Frené en seco y quedé paralelo.
Un silencio tremendo llenó el cuarto y sólo se oía mi cuchicheo interior. ¿Qué experimento raro hacía el papá conmigo? ¿Por qué me miraba callado? ¿Quién hablaría primero, él o yo? ¿O es que él estaba escuchando lo que pasaba en mi dentror y arrebatando mi secreto?De pronto se puso calmo.
-No tienes por qué poner esa cara de culpable -dijo- Es muy simple. Quiero que me digas con franqueza, ¿qué te pasa, hijo mío? Soy tu padre. Tu mejor amigo, recuérdalo...
No podía recordarlo porque era la primera vez que lo oía. Mi padre era mi mejor amigo. Ahora no se me olvidaría jamás.

Esperé.
Él también esperó.
Pasó mucho tiempo.
-No puedo perder la mañanaentera esperándote -dijo con voz de paciencia-. Te he preguntado qué te pasa... Me explico. Desde hace un tiempo tu madre y yo te notamos callado, extraño, ausente, haces cosas muy raras... Por ejemplo miras al cielo mucho rato. ¿Tienes dificultad en ver?
-Sí -contesté.
-Pero me ves a mí ¿no?
-Sí, claro...
-¿Ves lo que dice esta carta?
-No.
-¿La ves borrada?
-No, la veo patas arribas.
-Bien-dijo enderezando la carta-. No tenemos por qué preocuparnos de tu vista. Ahora explícame ¿por qué saltas como sapo y a veces hasta dormido?
Sentí calor en las orejas. Mis saltos son asunto mío. Papá está tratando de perforar mi secreto... Yo nunca le pregunto a él por qué estira el cogote y se mete el dedo en el cuello. Ese es asunto de él.
-Antes era campeón de salto -dije enrabiado.
-No estámuy claro eso. Tus saltos no son de entrenamiento. Son de sapo...
Ahora estaba seguro: papá sospechaba de mí. No hay nada más cargante que sospechen de uno. Y él quería asegurarse si el marciano estaba dentro de mí. Si se convencía me iba a hacer operar, y me lo sacarían igual que mi apéndice. Mi marciano es mío y yo lo protegeré de los curiosos. Nadie vendrá a quitármelo.
-Ahora hay otro...
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