Parafrasis de el informe de brodie

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PARAFRASIS DEL CUENTO “EL INDIGNO” —Voy a confiar a usted una cosa que no le he platicado a nadie. Ana, mi esposa, tampoco lo saben ni mis amigos más íntimos. Hace muchos años que ocurrió que ahora le confió Ni propio. Tal vez puede que le ayude para un cuento, que a usted le va a servir y lo va a compartir sin duda alguna. Aires, para abrir un comercio , yo era muy pequeño. A unas callesestaba el Maldonado y Luego los baldíos. Carlyle ha redactado que los hombres precisan héroes. La vida de Grosso me dio el culto de San Martín, pero en él no encontré más que un militar que había peleado en Chile y que ahora era una estatua de bronce y el nombre de una plaza. El azar me dio un héroe muy diferente, para mal de ambos: Francisco Ferrari. Ésta debe ser la única vez que lo escuchenombrar. El barrio no era peligroso como lo fueron, como algunos dicen los Corrales y el Bajo, pero no había almacén que no contara con su barra de compadritos. Ferrari paraba en el almacén de Triunvirato y Thames. Fue ahí donde fue el problema que me guio a ser uno de sus adictos. Yo fui a igualar un cuarto de yerba. Un extranjero de gran cabello y bigote se presentó y pidió una ginebra.Ferrari le comento con suavidad: —Dígame ¿no nos vimos hace unas noches en el baile de la Juliana? ¿De dónde es usted? —De San Cristóbal —dijo el forastero —Mi consejo —insinuó Ferrari— es que no regrese por estos rumbos Hay personas que no tienen respeto que Son capaces de hacerle pasar un mal rato. El de San Cristóbal se fue, con bigote y todo. Tal vez no fuera poco hombre que el otro, perosabía que ahí estaba la barra. Desde entonces Francisco Ferrari fue el héroe que mis quince años deseaban. Era morocho, más bien alto, de buena altura, buen mozo a la manera de la época. Siempre andaba de obscuro . El segundo episodio nos impulso Yo estaba con mi mamá y con la hermana de mi mamá; nos cruzamos con unos jóvenes y uno le dijo con voz alta a los otros: —Déjenlas pasar. Carne vieja.Yo no supe como reaccionar. En eso se metió Ferrari, que salía de su casa. Se encaró con el —Si tienes ganas de meterte con alguien ¿por qué no te metes conmigo más bien? Los fue filiando, uno por uno, despacio, y nadie dijo ni una palabra. Lo conocían. Se achico de hombros, nos saludó y se fue. Antes de irse, me dijo: —Si no tenéis nada que hacer, avanza luego por el boliche. Me quedésorprendido. Sarah, mi tía, sentenció: —Un caballero que hace admirar a las damas. Mi madre, para sacarme del problema, observó: —Yo diría más bien un tío que no quiere que haya mas No sé cómo decirle las cosas. Yo me he ganado ahora un puesto, tengo esta Biblioteca que me agrada y cuyos libros leo, gozo de amistades como la nuestra, tengo mi Esposa y mis hijos, me he inscrito al PartidoSocialista, soy un buen argentino y un buen judío. Soy un hombre considerado. Ahora usted me ve casi sin cabello; entonces yo era un pobre joven ruso, de pelo claro, en un barrio de las orillas. La gente me observaba por arriba del hombro. Como todos los muchachos, yo trataba de ser como los otros . Me había puesto Santiago para robar el Jacobo, pero quedaba el Fischbein. Todos estábamos idénticos ala imagen que tienen de nosotros. Yo sentía que era indiferente para la gente y yo me sentía indiferente yo también. En aquel tiempo, y sobre todo en aquel medio, era importante ser valiente; yo mesentía miedoso . Las mujeres me asustaban; yo sentía la íntima decepción de mi castidad temerosa. No tenía amigos de mi época invitación había una orden; un sábado, después de comer, me metí en ellocal. Ferrari poseía una de las mesas. A los otros yo los conocía de vista; serían unos siete. Ferrari era el mayor, salvo un hombre anciano. De pocas y agotadas palabras, cuyo nombre es el único que no se me ha ido de la memoria: el señor Eliseo Amaro. Un tajo le atravesaba la cara, que era muy ancha y floja. Me dijeron, después, que había sufrido una penitencia Ferrari me dijo que me...
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