Patria y tribu

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El amor a la patria y a la tribu. Las retóricas de la memoria incómoda
Manuel Gutiérrez Estévez Catedrático de Antropologia Americana da Universidad Complutense – Madrid

RESUMO: Se atiende a las emociones y actitudes morales generadas por los himnos nacionales y por cierta clase de poesía indianista, algunos de cuyos textos son comentados desde la perspectiva de una estética de la recepción.Himnos patrióticos y versos tribales constituyen retóricas que construyen sentimientos amorosos diferenciados. Pero, pese a sus diferencias, himnos y poemas elaboran el amor a estas comunidades imaginadas como un instrumento para ocultar o enmascarar la ambigüedad emocional del individuo contemporáneo ante los sujetos colectivos. La patria y la tribu, convertidas en materiales constructivos delyo, se instalan en la intimidad (afectiva) sin dejar de representar, a la vez, a un ello insaciable o menestoroso, según los casos. Sus narrativas son las de una memoria incómoda, la expresión de un malestar en la memoria. PALAVRAS-CHAVE: patria y tribu, himnos nacionales, individuo y sujetos colectivos, memoria

En 1844, un joven hegeliano de izquierdas, Johann Kaspar Schmidt publica, bajo elpseudónimo de Max Stirner, un radical alegato contra el Estado, la religión y la filosofía especulativa con el título de El Unico y su Propiedad (Der Einzige und sein Eigentum). Dice Stirner: “Porque el pueblo no se preocupa más que de mantenerse y de afirmarse, reclama

MANUEL GUTIÉRREZ E STÉVEZ. EL AMOR A LA PATRIA Y A LA TRIBU...

de cada uno una [abnegación patriótica]. El individuo en sí lees indiferente, una nada, y el pueblo no debe hacer, ni aun permitir, que el individuo cumpla lo que sólo él es capaz de cumplir, su realización” (1970, p. 155). Las sociedades, los pueblos, organizados con la forma del Estado, ejercen necesariamente, por la propia lógica de su constitución como entes colectivos, una violencia destructiva sobre el individuo, el único ser que, en esta relación,posee, verdaderamente, un cuerpo que le es expropiado y un espíritu que le es inficcionado de sentimientos moralistas.
Vosotros no sois un cuerpo; tú tienes un cuerpo y tú también y aquel tercero igualmente; pero todos vosotros juntos sois cuerpos y no un cuerpo. Por consiguiente, la Sociedad, admitiendo que sea alguien, tendría muchos cuerpos a su servicio, pero no un cuerpo único que leperteneciese en propiedad. Como “la Nación” de los políticos, no es más que un espíritu, un fantasma, y su cuerpo no es más que una apariencia. (1970, p. 95)

Ese fantasma, pese a su incorporeidad, existe multiplicado, reproducido clónicamente en las conciencias de cada uno.
¿Quién no se ha percatado, consciente o inconscientemente, de que toda nuestra educación consiste en injertar en nuestro cerebrociertos sentimientos [...]? Cuando oímos el nombre de Dios, debemos experimentar temor; cuando se pronuncia ante nosotros el nombre de Su Majestad el Príncipe, debemos sentirnos penetrados de respeto, de veneración y de sumisión; si se nos habla de moralidad, debemos entender alguna cosa inviolable; si se nos habla del mal o de los malvados, no podemos dispensarnos de temblar, y así sucesivamente.Esos sentimientos son obligatorios y quien, por ejemplo, se deleitase en el relato de las hazañas de malvados, sería azotado y castigado para [enderezarlo por el buen camino]. (1970, p. 61-2)

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REVISTA DE ANTROPOLOGIA, S ÃO PAULO, USP, 2004, V. 47 Nº 2.

Pero es preciso añadir que al que se deleita con relatos de malvados no sólo se le castiga, sino que se castiga él mismosintiéndose culpable. Y la culpa es otro eslabón, quizá el principal eslabón, de la cadena con que se opera la sujeción. Casi cien años después que Stirner, en 1930, Freud escribe El malestar en la cultura. En las relaciones con la cultura, Freud afirma que “la culpabilidad es la expresión del conflicto de ambivalencia, de la eterna lucha entre Eros y la pulsión de destrucción o de muerte” (1970, p. 74)....
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