Pedagogía

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Con preocupación vemos cómo la violencia se apodera de la juventud actual; día a día aparecen en los medios de comunicación, noticias sobre agresión en la vida de los adolescentes; tanto, que esta agresividad se está naturalizando en la sociedad. Pero a pesar de ser un hecho que se aún se denuncia, poco se escucha de las soluciones o pasos a seguir para que disminuya.

Como futuros docentes,será nuestro deber formar personas con valores; mentes pensantes capaces de reaccionar de acuerdo a las circunstancias; personas que sepan vivir, y puedan convivir en paz con otras; debemos ser capaces de formar el futuro que queremos. Pero ¿qué pasa cuando, en nuestra labor de formar no consideramos el amor?

Nuestra educación, como proceso de formación, comienza desde el momento en que abrimosnuestros ojos al mundo. En esta primera instancia, nuestros formadores directos son nuestros padres, quienes estimulan el despertar de nuestros sentidos, y quienes nos entregan nuestros primeros conocimientos y valores. Es con ellos, en el seno familiar, donde aprendemos a relacionarnos con los demás; y esta relación que nace dentro de la familia, suele ser de amor en cuanto a la entregadesinteresada, y de respeto al reconocer al otro por el simple hecho de ser persona. Luego, en la etapa preescolar, se produce un cambio de forma, ya que nos empezamos a relacionar con nuestros pares, que no pertenecen a nuestro clan; debemos comenzar a compartir experiencias y a crear nuestros propios lazos con los demás, en un ambiente casi familiar recreado por las “tías”. El problema aparece cuandodebemos ingresar al proceso de formación formal, en un colegio. Desde que ponemos un pie en éstos, dejamos de ser vistos como personas, ya no nos tratan por nuestro nombre sino que por nuestro apellido, y eso si es que no por “el número en la lista”. En esta etapa nuestros profesores ya no se preocupan de ayudarnos a seguir aprendiendo sobre la convivencia, sobre la tolerancia o el respeto, ahora sólovale el aprender a leer y escribir correctamente, y aprender las cuatro operaciones matemáticas básicas. De ahí en adelante, son doce años de “formación”, en que la mayoría de nuestros formadores se olvidan de crear seres sociales para crear máquinas, y queda en nuestras propias manos descubrir hasta que punto podemos llegar en el trato con nuestros semejantes.

Hoy por hoy, podemosexplicarnos la violencia juvenil como una respuesta al acontecer actual. Las familias antes constituidas por un padre y una madre, se están volviendo monoparentales; ahora ambos deben salir a trabajar para mantener el hogar; las familias se comunican menos a pesar de tener más medios de comunicación; entre otras cosas, han hecho que la juventud quede aislada, pasada a segundo plano. Y esto, sumado a losdoce años de (des)formación, han terminado la mezcla para tener jóvenes en contra del sistema, donde su única válvula de escape es la violencia.

Paulo Freire, en su libro Cartas a Quien Pretende Enseñar, nos dice que “los educadores no deben negar ni subestimar los saberes de experiencias vividas con que los educandos llegan a los centros de educación formal, esas experiencias son la comprensióndel mundo dentro de la práctica social de que forman parte. Se debe dar respuestas a esos saberes para ir más allá de ellos”; con esto nos invita a reconocerlos como personas, a darles valor por sí mismos, a aceptar sus conocimientos y validarlos. Con esto también reforzamos su autoestima y tenemos jóvenes más alegres consigo mismos, capaces de atreverse a más cosas. En su libro nos invita, comoestudiantes de pedagogía, a amar a nuestros estudiantes. No de la forma erótica, sino filial. Ese amor que la Real Academia Española define como el “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Nos llama a buscar esta interdependencia con nuestros estudiantes, ya que ellos aprenden de nosotros, y nosotros...
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