Pedagogia tantrica en la region de occidente

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  • Publicado : 13 de enero de 2012
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El cartero continuaba echando por debajo de la puerta una publicidad a la que Monsieur Baruch permanecía completamente insensible. En los últimos tres días había deslizado un folleto de la Sociedad de Galvanoterapia en cuya primera pagina se veía la fotografía de un hombre con cara de cretino bajo el rotulo “gracias al método del doctor Klein ahora soy un hombre feliz”; había también un prospectodel detergente Ayax proponiendo un descuento de cinco centavos por el paquete familiar que se comprara en los próximos diez días; se veía por último programas ilustrados que ofrecían las memorias de sir Winston Churchill pagaderas en catorce mensualidades, un equipo completo de carpintería domestica cuya pieza maestra era un berbiquí eléctrico y finalmente un volante de colores particularmentevivos sobre “El arte de escribir y redactar”, que el cartero lanzó con tal pericia que estuvo a punto de caer en la propia mano de Monsieur Baruch. Pero éste, a pesar de encontrarse muy cerca de la puerta y con los ojos puestos en ella, no podía interesarse por esos asuntos, pues desde hace tres días estaba muerto.
Hacia tres días justamente Monsieur Baruch se había despertado a la mitad de latarde, después de una noche de insomnio total en la cual había tratado de recordar sucesivamente todas las camas en las que había dormido en los últimos veinte años y todas las canciones que estuvieron de moda en su juventud. Lo primero que hizo al levantarse fue dirigirse al lavatorio de la cocina, para comprobar que seguía obstruído y que, como los días anteriores, le sería necesario, para lavarse,llenar el agua en una cacerola y enjuagarse sólo los dedos y la punta de la nariz.
Luego, sin darse el trabajo de quitarse el pijama, se abocó por rutina a un problema que lo había ocupado desde que Simón le cedió esa casa, hacia un año, y que nunca había logrado resolver: ¿cuál de las dos piezas de ese departamento sería la sala-comedor y cuál la dormitorio-escritorio? Desde su llegada a esacasa había barajado el pro y el contra de una eventual decisión y cada día le surgían nuevas objeciones que le impedían ponerla en práctica. Su perplejidad venía del hecho que ambas habitaciones eran absolutamente simétricas con relación a la puerta de calle –que daba sobre un minúsculo vestíbulo donde solo cabía una percha— ya que ambas estaban amobladas en forma similar: en ambas había unsofá-cama, una mesa, un armario, dos sillas y una chimenea condenada. La diferencia residía en que la habitación de la derecha comunicaba con la cocina y la de la izquierda con el wáter closet. Hacer su dormitorio a la derecha significaba poner fuera de su alcance inmediatamente el excusado, adonde un viejo desfallecimiento de su vejiga lo conducía con inusitada frecuencia; hacerlo a la izquierda implicabaalejarse de la cocina y de sus tazas de café nocturnas que se habían convertido para él en una necesidad de orden casi espiritual.
Por todo ello es que Monsieur Baruch, desde que llegó a esa casa, había dormido alternativamente en una u otra habitación y comía en una u otra mesa, según las soluciones sucesivas y siempre provisionales que le iba dando a su dilema. Y esta especie de nomadismo queponía en práctica en su propia casa le había producido un sentimiento paradójico: por un lado le daba la impresión de vivir en una casa más grande, pues podía concluir que tenia dos salas-comedor y dos dormitorios-escritorio, pero al mismo tiempo se daba cuenta de la similitud de ambas piezas reducía en realidad su casa, ya que se trataba de una duplicación inútil del espacio, como la que podíaprovenir de un espejo, pues en la segunda habitación no podía encontrar nada que no hubiera en la primera y tratar de adicionarlas era una superchería, como la de quien al hacer el recuento de los títulos de su biblioteca pretende consignar en la lista dos ediciones exactas del mismo libro.
Ese día Monsieur Baruch tampoco pudo resolver el problema y dejándolo en suspenso una vez más regresó a la...
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