Pedro paramo se queda sin arumento aluno

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Pedro Páramo se había quedado sin expresión ninguna, como ido. Por encima de él sus
pensamientos se seguían unos a otros sin darse alcance ni juntarse. Al fin dijo:
-Estoy comenzando a pagar. Más vale empezar temprano, para terminar pronto.
El padre Rentería se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza desu cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche enque murió Miguel Páramo.
«El asunto comenzó -pensó- cuando Pedro Páramo, de cosa baja que era, se alzó a
mayor. Fue creciendo como una mala yerba. Lo malo de esto es que todo lo obtuvo de mí:
"Me acuso padre que ayer dormí con Pedro Páramo." "Me acuso padre que tuve un hijo de
Pedro Páramo." "De que le presté mi hija a Pedro Páramo". Siempre esperé que él viniera a acusarse de algo; pero nuncalo hizo. Y después estiró los brazos de su maldad con ese hijo que tuvo. Al que él reconoció, sólo Dios sabe por qué. Lo que si sé es que yo puse en sus manos ese instrumento.»
Tenía muy presente el día que se lo había llevado, apenas nacido.
Le había dicho:
-Don Pedro, la mamá murió al alumbrarlo. Dijo que era de usted. Aquí lo tiene.
Y él ni lo dudó, solamente le dijo:
-¿Por qué no se quedacon él, padre? Hágalo cura.
-Con la sangre que lleva dentro no quiero tener esa responsabilidad.
-¿De verdad cree usted que tengo mala sangre?
-Realmente sí, don Pedro.
-Le probaré que no es cierto. Déjemelo aquí. Sobra quien se encargue de cuidarlo.
El muchachito se retorcía, pequeño como era, como una víbora. -¡Damiana! Encárgate de esa cosa. Es mi hijo.
Después había abierto la botella:-Por la difunta y por usted beberé este trago.
-¿Y por él?
-Por él también, ¿por qué no?
Llenó otra copa más y los dos bebieron por el porvenir de aquella criatura.
Así fue.
Cierto dia el padre renteria se puso a confesar
La primera que se acercó fue la vieja Dorotea, quien siempre estaba allí esperando a
que se abrieran las puertas de la iglesia.
Sintió que olía a alcohol.
-¿Qué, ya teemborrachas? ¿Desde cuándo?
-Es que estuve en el velorio de Miguelito, padre. Y se me pasaron las canelas. Me
dieron de beber tanto, que hasta me volví payasa.
-Nunca has sido otra cosa, Dorotea.
-Pero ahora traigo pecados, padre. Y de sobra.
En varias ocasiones él le había dicho: «No te confieses, Dorotea, nada más vienes a
quitarme el tiempo. Tú ya no puedes cometer ningún pecado, aunquete lo propongas.
Déjale el campo a los demás».
-Ahora sí, padre. Es verdad.
-Di.
-Ya que no puedo causarle ningún perjuicio, le diré que era yo la que le conseguía
muchachas al difunto Miguelito Páramo.
El padre Rentería, que pensaba darse campo para pensar, pareció salir de sus sueños
y preguntó casi por costumbre:
-¿Desde cuándo?
-Desde que él fue hombrecito. Desde que le agarró elchincual. -Vuélveme a repetir lo
que dijiste, Dorotea.
-Pos que yo era la que conchavaba las muchachas a Miguelito. -¿Se las llevabas?
Algunas veces, sí. En otras nomás se las apalabraba. Y con otras nomás le daba el
norte. Usted sabe: la hora en que estaban solas y en que él podía agarrarlas descuidadas.
-¿Fueron muchas?
No quería decir eso: pero le salió la pregunta por costumbre.
-Ya hastaperdí la cuenta. Fueron retemuchas.
-¿Qué quieres que haga contigo, Dorotea? Júzgate tú misma. Ve si tú puedes
perdonarte.
-Yo no, padre. Pero usted sí puede. Por eso vengo a verlo.
-¿Cuántas veces viniste aquí a pedirme que te mandara al cielo cuando murieras?
¿Querías ver si allá encontrabas a tu hijo, no, Dorotea? Pues bien, no podrás ir ya más al
cielo. Pero que Dios te perdone.
-Gracias,padre.

Estoy acostada en la misma cama donde murió mi madre hace ya muchos años; sobre el mismo colchón; bajo la misma cobija de lana negra con la cual nos envolvíamos las dos para dormir. Entonces yo dormía a su lado, en un lugarcito que ella me hacía debajo de sus brazos.
Creo sentir todavía el golpe pausado de su respiración; las palpitaciones y suspiros con que ella arrullaba mi...
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