Perla y cicatrices

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  • Publicado : 8 de marzo de 2012
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El cura de la tele
("olor a azufre en la sacristía")


No era necesario ser tan marxista para odiar su lengua de tridente picaneando a los milicos, azuzándolos a que se tomaran el poder y detuvieran la farra hereje de la U.P. La revuelta social de los años setenta donde el curita se creía el arcángel San Miguel liderando la que había que exterminar. Pocos recuerdan esa época, y son más losque no cruzada derechista, declarando que la izquierda era un "vómito diabólico" relacionan a este santo varón con el arlequín negro que animaba la matanza desde el pulpito televisivo los primeros años del golpe. Ahí en la pantalla, cada noche, cerraba la programación corriendo un velo espeso sobre el drama de esos días. Con sus manos de anciana pirula, bordaba la telaraña en-cubridora de losacontecimientos, recitando el evangelio con los ojos perdidos, con los ojos blancos, con los ojos hueros de tanta elevación. Entonces, los televisores Westinghouse, esas enormes cajas en blanco y negro de ese tiempo, parecían flotar en la consagración de su reaccionario sermoneo. Y entre bendiciones de sables y mariguancias de clero que tejían sus manos huesudas, iba avalando la sucia bruma que tiznabael cielo de un marchito país aplastado por las botas.Cómo olvidar al padrecito dirigiendo el único canal de televisión independiente que podía informar sobre muchas cosas que no se sabían, que más bien se ocultaban con programaciones neutras y seriales extranjeras que animaban la cueca uniformada del canal con angelito. Imposible olvidar ese lejano Teletrece y su musiquilla de noticiarioengañoso.Cómo olvidar al periodista centella que aparecía como por arte de magia junto a la C.N.I.,mostrando los cuerpos ametrallados de los "terroristas en los presuntos enfrentamientos".Difícil no recordar su cara de bofe narrando fríamente esos sucesos. Más difícil resulta Pro- bar la complicidad que tenía ese periodismo instantáneo con las operaciones secretas de los aparatos de seguridad, donde laorden de los allanamientos era "no dejar pájaro con vida".Después, el ojo televisivo del angelito multiplicaba por miles las cuatro bombas artesanales y el piojento fusil que escondía la peligrosa resistencia. Eran verdaderos arsenales, cuidadosamente ordenados del panfleto hasta la bazuca, para justificar la imagen noticiosa de esos cadáveres retorcidos, hechos bolsa por la granizada de balas. Ahorare-sulta impensable creer que existiendo tanto armamento, no tuviera éxito esa subversiva rebelión. Resulta triste pensar que un canal católico fuera compinche de tanta impunidad
sobre todo existiendo la Vicaría de la Solidaridad y tanto sacerdote que puso su vida en defensa de los derechos humanos. Se podría decir que aquella sotana de la TV, junto a otros capellanes militares que bendecían loscorvos de los boinas negras, fueron la turbia agua bendita que no logró manchar el papel cumplido por la Iglesia en defensa de los perseguidos. Apenas la excepción del Opus Dei, el verbo de Cristo hecho crimen por la boca arrugada del beato comentarista, tan casto, tan puro, criando manadas de gatos en su soledad contemplativa. Tal vez, el angélico curita, levitando más allá del mundo, nuncaquiso saber de la carne rasgada en la tortura. Mientras Santiago se recagaba de miedo de espaldas a las bayonetas, el hermano santo extraviado en sus túneles eucarísticos, soñaba con blandos seminaristas de manso mirar. El fraile de la tele, se veía en un cielo azul marino persiguiendo mancebos con alitas y arcángeles de piernas peludas, enjambres de acólitos y querubines que el Altísimo le daba depremio por su lucha antimarxista. Y él, humildemente lascivo, los miraba trotar y correr por su jardín del paraíso, los veía emocionado brincando entre las nubes por el "campo de flores bordado" de su Chile militar. Tal vez, este juicio al ayer pueda pecar de corrosivos sentimientos que atesora una memoria resentida en su porfía. En tanto hoy, la pantalla democrática pareciera evangelizar su...
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