Perplejos a merlano

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ejos de
A mi edad cuando me presentan a alguien ya no me importa si es blanco, negro, católico, musulmán, judío, capitalista, comunista... me basta y me sobra con que sea un ser humano. Peor cosa no podría ser. Mark Twain
"Guía para los Perplejos".
Basado en el libro de E. F. Schumacher, versión de Alberto Merlano.

E. F. Schumacher estudió economía en New Collage de Oxford,impartiendo más tarde esta disciplina en la Columbia University de Nueva York. De 1950 a 1970 fue consejero económico del Consejo Nacional del carbón de Inglaterra. Experto en el desarrollo de zonas rurales, fue consultado por muchos países del Tercer Mundo. Murió en 1977, poco antes de ser publicada esta obra.


En esta guía, insólita por su atrevimiento y claridad, Schumacher, una de las mentesmás lúcidas de nuestra época, se enfrenta a todos esos problemas de la ciencia -siguiendo el lema de Descartes de rechazar todo lo que ofrece duda- ha venido eludiendo sistemáticamente y la filosofía ha enfocado desde diferentes puntos de vista. El autor de "Lo Pequeño es hermoso" y "El Buen trabajo", nos sugiere una nueva lectura de la tradición filosófica y religiosa universal -platonismo, yoga,cristianismo, islamismo...-, establece lo que tienen en común las distintas doctrinas e invita al hombre a concentrarse sobre sí mismo de forma que pueda comprender mejor la realidad. Para muchos, este libro, firmado por un economista eminentemente práctico, podría constituir una revelación; para otros no significará nada más que la justificación ideológica ineludible del humanista que introdujoel concepto de las tecnologías intermedias.

Durante los años en la escuela y en la universidad, me dieron mapas de la vida y del conocimiento en los que, a duras penas, podían hallarse rastros de muchas cosas de las que más me interesaban y me parecían de mayor importancia para orientarme en la vida. Durante mucho tiempo, mi perplejidad fue total, y no vinieron intérpretes en mi ayuda.Así permanecí hasta que dejé de dudar de la cordura de mis percepciones y comencé, por el contrario, a dudar de la veracidad de los mapas.

Los mapas que me proporcionaron advertían que la inmensa mayoría de mis antepasados, hasta una generación relativamente reciente habían sido unos pobres ilusos que conducían sus vidas con creencias irracionales y absurdas supersticiones. Incluso científicosilustres como Johann Kepler o Isaac Newton habían dedicado, al parecer, la mayor parte de su tiempo y energía a estudios disparatados sobre cosas inexistentes.

A lo largo de la historia, se habían dilapidado ingentes cantidades de riquezas atesoradas con gran esfuerzo en honor y gloria de divinidades imaginarias; no sólo por parte de mis antepasados europeos, sino de todos los hombres de todas lasépocas y todos los confines de la tierra. Por doquier, miles de hombres y mujeres, aparentemente juiciosos, se habían sometido por voluntad propia a privaciones sobremanera insensatas -como el ayuno-, se habían atormentado con celibato; perdieron el tiempo en peregrinaciones, rituales fantásticos, oraciones interminables y cosas por el estilo, volvieron la espalda a la realidad- ¡y hay quiensigue haciéndolo incluso en estos tiempos ilustrados!- y todo por nada.

Como consecuencia únicamente de su ignorancia y de su estupidez. Por descontado que en nuestra época nada de eso debía tomarse en serio, a no ser desde un punto de vista arqueológico. ¡De qué cúmulo de errores habíamos surgido! ¡Se había tomado por real lo que cualquier niño contemporáneo sabía perfectamente que era irreal eimaginario! Todo nuestro pasado a excepción de los últimos años, no servía más que para ser expuesto en los museos, donde la gente pudiera satisfacer su curiosidad sobre lo raras e incompetentes que eran las generaciones precedentes.

Lo que nuestros antepasados habían escrito tampoco servía en la mayoría de los casos más que para apilarlo en las bibliotecas, donde los historiadores y otros...
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