Piedra de toque

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La Piedra De Toque
En la consulta del psiquiatra.
Tres mese atrás. El Salón. Domingo. Hora del Café. Carlos Alberto, Jorge Manuel y José Mari presentan las notas del último trimestre. Drama Familiar. El boletín de Carlos Alberto contiene bajas en cifras vertiginosas. Pánico en la bolsa. El Padre frunce el ceño. Margarita no puede creérselo. Aventura la posibilidad de un error. Los hermanosmenores aguardan turno con el boletín abierto, desconcertados. La sólida meta inalcanzable se resquebraja. ¿Cómo estudiar, en adelante, sin el ejemplar modelo? ¿Cuándo, si falta la medida? ¿Para qué, sin el acicate de la imposible emulación? El tres y el cinco del mayor invalidan los desesperados notables de Jorge Manuel, amargo fruto de codos y despertador, y los altibajos de José Mari, al azarde la curiosidad o la desgana del momento.
--Sus notas están siempre a la medida de su capacidad.
Tres meses atrás, menos un día. El despacho. Lunes, por la noche. Ya tarde. Han terminado los programas de la televisión, Carlos Alberto, a solas con su padre. Se ha informado: no hay error. Espera que no se repita, siendo como es Carlos Alberto el mayor. La última palabra ya no es alabanza oestímulo, sino reproche. Resentimiento casi: el mayor.
Como si me leyera la sentencia. Desde la cuna, condenado a ser alto, guapo, inteligente, amable, brillante, triunfador, bronceado, hábil… y a serlo más que nadie. ¡Como me pesa la condena!
Dos mese atrás. El Salón. Viernes. Sobremesa de la cena. Un mal programa en el televisor. Presentación de notas de quincena. Siguen bajando las de CarlosAlberto. Las miradas de los padres se cruzan. Esto ya no es un percance: es un síntoma. El padre desarruga el ceño. Ensaya una sonrisa de portada de Cómo hablar con sus Hijos. Cien consejos para ganar la confianza de los jóvenes. Y Exagera. Alegando una casualidad que se nota cuidadosamente prevista, saca de la cartera folletos de motocicletas de distintos usos y cilindradas, de las mejores marcasnacionales y extranjeras. Que Carlos Alberto los estudie y decida. Ya va siendo hora de que independice de las idas y venidas de coches familiares. Una moto le permitiría incluso volver al equipo de baloncesto, al suprimir el tiempo perdido en los desplazamientos.
Un mes y tres semanas. La finca. Llegan los cinco en el coche grande; papá al volante, como cuando eran pequeños. Hoy no se ha quedadoen la ciudad retenido por el compromiso ineludible de una cena de negocios, como es ahora su costumbre. Da una vuelta entera a la explanada despacio para que puedan todos admirarla. Allí está, en el medio. Reluciente de rojos y niqueles, con el depósito lleno. De sorpresa. Jorge Manuel y José Mari se alborotan. Carlos Alberto no ha aprendido aún a improvisar sonrisas de portada. Los padres, que leobservan, ocultan su desilusión ante tamaña indiferencia.
Un mes atrás. La finca. Primer sábado de mayo. Mediodía. Un sol rabioso que parece desmentir el calendario. Jorge Manuel y José Mari se han llevado la moto Carlos Alberto esta tumbado boca arriba, al sol, al borde de la piscina. Ni baño ni paseo. Nada en toda la mañana. Como permanece con los ojos cerrados, su madre le observadetallándole, sin necesidad de ocultar su ansia. Está desmejorado. Es evidente. Se le marcan las costillas y tiene ojeras. Y sobre todo este modo de permanecer tumbado sobre la hierba en una inmovilidad que apunta al abandono. Margarita mueve la cabeza: como la moto no ha producido el esperado efecto, será necesario intentar otro tipo de tratamiento. Mañana mismo, en cuanto llegue, hablará con Carlos. Notransigirá esta vez con seguir esperando, a ver qué pasa. Ya se está viendo lo que pasa. Cada vez peor.
Dos semanas atrás. El salón. Cualquier día. Cualquier hora.
Jorge Manuel despilfarra codos y despertador sin obtener el resultado apetecido, porque los boletines de notas ya ni se miran, por no tener que comentar el de Carlos Alberto. José Mari se aprovecha y planea en los suspensos. Y de...
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