Poemas en prosa

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POEMAS EN PROSA
CHARLES BAUDELAIRE
 
 
- I -
El extranjero
     -¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
     -Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
     -¿A tus amigos?
     -Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
     -¿A tu patria?
     -Ignoro en qué latitud está situada.     -¿A la belleza?
     -Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
     -¿Al oro?
     -Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
     -Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
     -Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes maravillosas!

- II -
La desesperación de la vieja
     La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a lalinda criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella también sin dientes ni cabellos.
     Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables.
     Pero el niño, espantado, forcejeaba al acariciarlo la pobre mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos.
     Entonces la viejecilla se retiró a su soledad eterna,y lloraba en un rincón, diciendo: «¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas, desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes; ¡y hasta causamos horror a los niños pequeños cuando vamos a darles cariño!»

- III -
El «yo pecador» del artista
     ¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagasmenos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.
     ¡Delicia grande la de ahogar la mirada en lo inmenso del cielo y del mar! ¡Soledad, silencio, castidad incomparable de lo cerúleo! Una vela chica, temblorosa en el horizonte, imitadora, en su pequeñez y aislamiento, de mi existencia irremediable, melodía monótona de la marejada, todo eso que piensa por mí, o yo por ello -ya queen la grandeza de la divagación el yo presto se pierde-; piensa, digo, pero musical y pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones.
     Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad. La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. Mis nervios, harto tirantes, no dan más que vibraciones chillonas,dolorosas.
     Y ahora la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez. La insensibilidad del mar, lo inmutable del espectáculo me subleva... ¡Ay! ¿Es fuerza eternamente sufrir, o huir de lo bello eternamente? ¡Naturaleza encantadora, despiadada, rival siempre victoriosa, déjame! ¡No tientes más a mis deseos y a mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en que el artista dagritos de terror antes de caer vencido.

- IV -
Un gracioso
     Era la explosión del año nuevo: caos de barro y nieve, atravesado por mil carruajes, centelleante de juguetes y de bombones, hormigueante de codicia y desesperación; delirio oficial de una ciudad grande, hecho para perturbar el cerebro del solitario más fuerte.
     Entre todo aquel barullo y estruendo trotaba un asno vivamente,arreado por un tipejo que empuñaba el látigo.
     Cuando el burro iba a volver la esquina de una acera, un señorito enguantado, charolado, cruelmente acorbatado y aprisionado en un traje nuevo, se inclinó, ceremonioso, ante el humilde animal, y le dijo, quitándose el sombrero: «¡Se lo deseo bueno y feliz!» Volviose después con aire fatuo no sé a qué camaradas suyos, como para rogarles queañadieran aprobación a su contento.
     El asno, sin ver al gracioso, siguió corriendo con celo hacia donde le llamaba el deber.
     A mí me acometió súbitamente una rabia inconmensurable contra aquel magnífico imbécil, que me pareció concentrar en sí todo el ingenio de Francia.

- V -
La estancia doble
     Una estancia parecida a una divagación, una estancia verdaderamente espiritual, de...
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