Prólogo de daniel rops- libro anna fraank

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  • Publicado : 5 de diciembre de 2011
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Prólogo de Daniel Rops- Libro Anna Fraank

        Acabo de doblar la última página de este libro, y no puedo contener mi emoción. ¿A qué habría llegado la maravillosa niña que, sin saberlo, ha escrito una especie de obra maestra? Ahora, en 1951, tendría veintidós años... No se piensa sin congoja en todo cuanto esta sensibilidad y esta inteligencia tan bien armonizadas hubieran podido dar si lahorrible máquina de máscaras numerosas que está a punto de triturar nuestra civilización entera no la hubiera, hace seis años, devorado y aniquilado. Es imposible evocar sin pena este fino rostro entregado a las sombras...
        Era una niña judía de trece años, hija de comerciantes alemanes que, cuando las primeras persecuciones nazis, creyeron hallar en Holanda la salvación definitiva. Peroel monstruo tiene muchos torniquetes en su bolsa: ¿quién puede estar seguro de escapársele? La invasión de los Países Bajos los puso decididamente a su merced. Cuando, en julio de 1942, los Frank tuvieron que elegir entre dos decisiones: someterse al llamamiento de la Gestapo o esconderse costara lo que costase, de los dos términos de la alternativa prefirieron el segundo, olvidando, las pobresgentes, cuál es el poderío del Leviatham y su paciencia antropófaga. En un pabellón situado detrás de un patio, tal como hay en tantas casas de Ámsterdam, se instalaron como ratas en un orificio. Había que adoptar mil precauciones: no dejarse ver, no hacer ruido. Es de imaginar qué problemas de todo orden se les presentaban a estos prisioneros voluntarios: los menores no eran, indudablemente,aquellos cuyos términos renovaría diariamente la intolerable cohabitación de ocho seres.
        Fue allí, en el ambiente paradójico, donde Ana descubrió a la vez su propia existencia y la de otros. A la hora en que una criatura principia a enfrentarse con el mundo exterior y saca de los múltiples contactos un enriquecimiento infinito, esta muchachita no tuvo ante ella sino el espectáculo del abrigohúmedo, del patio y de los siete locatarios -parientes, amigos, relaciones- con quienes tenía que compartir su suerte. Lo asombroso es que su sensibilidad no se haya, en poco tiempo, falseado, que haya sabido conservar su libertad, su fantasía y la alegría que, hasta en los peores peligros, flota y resuena, a lo largo de su Diario, con el son mismo de la virtud de la infancia.
        Un Diario,pues -tal es este libro-, y comprendo demasiado bien que a esta sola palabra se despierten todas las desconfianzas más legítimas. Una niña de trece años escribiendo su Diario. ¿Puerilidad? ¿Precocidad monstruosa? Ni lo uno ni lo otro. Y ni siquiera esa vaga farsa (inconsciente, quizá) que aflora en tantas páginas del Diario de otra niña célebre: María Bashkirtseff. Las notas cotidianas de Ana Frankson tan justas de tono, tan verdaderas, que ni aun la idea de que haya podido escribirlas con una intención de "literatura" acude al espíritu, y mucho menos que alguna "persona mayor" haya podido retocarlas. De un extremo a otro, la impresión que se recibe es la de una autenticidad indiscutible. Si la palabra no comportase un algo de polvoriento y decolorado, diríase de buena gana que aquí se tratade un documento.
        Ana Frank tenía, pues, trece años. Era bonita, y lo sabía, sin atribuir al hecho excesiva importancia. Nos la imaginamos muy bien, por pocas que hayamos conocido de esas jovencitas judías, en quienes la inteligencia cascabelea con una vivacidad que a menudo, a su edad, no posean las pequeñas "arias": punzante, resuelta, sensible al punto de ser impresionable, ya mujer enmuchos aspectos y con todo, aún tan verdaderamente niña. Ahí está -esa mezcla de madurez y de frescura- lo que da a este libro su atractivo único. En cada página nos sorprende con una observación de una pertinencia, de una justeza psicológica singular; e inmediatamente después, una palabra cándida, una alusión basta para que recordemos que la chiquilla que escribe aún no conocía gran cosa de...
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