Presentación a los entremeses de miguel de cervantes

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  • Publicado : 4 de diciembre de 2011
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En 1615 y en Madrid, Miguel de Cervantes publicó sus Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados, donde nos encontramos con la primera aparición en público de las obritas minúsculas y prodigiosas que figuran en la presente edición. El género, destinado a llenar huecos en las representaciones del teatro «serio», ya tenía su pequeña historia cuando Cervantes edita sus entremeses yhasta contaba con algunas personalidades destacadas que lo cultivaban: Quiñones de Benavente, por ejemplo, le había dado un notorio brillo. La trayectoria literaria venía de Lope de Rueda (1505?-1565), quien los llamó pasos, voz que fue dejando su sitio a entremés a lo largo del siglo XVI. De una u otra manera, Cervantes se encuentra con un procedimiento, una actitud artística aceptada por elpúblico y consagrada en los escenarios. ¿Qué tienen las obritas cervantinas para que hoy, olvidados poco menos que en su totalidad los demás entremeses, tenaz exposición de tipos y situaciones, sigan vigentes, interesando, fascinando en ocasiones?
Los entremeses cervantinos han sido admirados sin vacilaciones, siempre. Su calidad está basada en el doble juego de fantasía y realidad, tan cervantino.Hechos para reír, como todos sus —8→ hermanos literarios, manejan los grandes supuestos de la sociedad contemporánea, burlándose suavemente, con un último regusto de amargura y desencanto. Solamente tras la cáscara de la broma podían decirse, en dos o tres ocasiones, los ecos desengañados que los entremeses (mejor, la voz cervantina) lanzan a la cara del espectador.
Siempre ha llamado laatención la circunstancia de que no fueran representados nunca, como su autor enuncia en la primera línea de su existencia. Quizá la razón esté en la novedad que encierran, ese «nuevos» que se desliza en el título. Los contemporáneos se entregaron a los entremeses consagrados, los que mostraban los tipos más cómicos y familiares. No creo arriesgado suponer que actores y empresarios se sintieron quizá unpoco recelosos ante el deje crítico de los entremeses cervantinos. No debía de resultar muy difícil, para algunos de ellos, entrever lo que de queja trascendente se ocultaba, en ocasiones, detrás de la aparente broma, del lenguaje gracioso y chispeante de los personajes. En una sociedad decididamente acorde con su circunstancia -la que aplaude el teatro de Lope de Vega- esas leves insinuaciones,por ligeras que fueren, resultarían, cuando menos, poco «comerciales». Quizá algo de esto se agazapa, irónicamente, en la aseveración de Cervantes, escrita en la dedicatoria de la primera edición, dirigida al Conde de Lemos. Sus entremeses «no van manoseados ni han salido al teatro merced a los farsantes que, de puro discretos, no se ocupan sino en obras grandes y de graves autores, puesto que('aunque') tal vez se engañen».
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Desde el punto de vista de la forma, el entremés cervantino responde con cierto rigor al modelo vigente. Destinados a ser, ya queda dicho, representados entre los actos de la comedia principal, constan de un solo acto. Los personajes se han de mover, poco menos que forzosamente, en un círculo de risas y, a veces, de francas carcajadas. Una vez expuesto ydesentrañado el problema o cuestión planteados, se resuelve todo en una viva escena de bailes, danzas, música o estacazos, recursos que indican al espectador el final de ese descanso y le arrancan, por su energía, los aplausos y un sabor de contenta satisfacción. Los personajes, en el entremés usual, son tipos consagrados: el viejo achacoso, gruñón, celoso; el rufián; el santurrón; el soldadofanfarrón; el vizcaíno, etc. Es decir, el público, a las primeras palabras cruzadas en la escena, sabe de qué va, sabe a qué atenerse. Como en todas las obras breves, el autor ha de poner al máximo rendimiento su personal habilidad, sus recursos, su gracia expresiva, para mantener vivo el interés y llenar cumplidamente el tiempo y el espacio. Los entremeses de Cervantes, en lo externo, siguen esas...
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