Primera entrevista psicoanalitica

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Dr. Erik Rodrigo López Huerta.

Miss Lucy R. (30 años)
(Freud)

Había perdido por completo la percepción olfativa, y una o dos sensaciones olfatorias que sentía muy penosas la perseguían casi de continuo. Además, andaba abatida, fatigada, se quejaba de pesadez de cabeza, falta de apetito y una disminución en su capacidad de rendimiento.
La joven dama, que vivía en los alrededores de Vienacomo gobernanta en casa de un director de fábrica, me visitó de tiempo en tiempo en mi consultorio. Era inglesa, de constitución delicada, pigmentación escasa, sana basta la afección de la nariz. Sus primeras comunicaciones corroboraron las indicaciones del médico. Sufría de desazón y fatiga, la perseguían sensaciones olfatorias subjetivas; en materia de síntomas histéricos, mostraba una analgesiageneral bastante nítida a pesar de conservar intacta la sensibilidad táctil; el campo visual (a un examen grueso, realizado con la mano) no evidenciaba limitación, La parte interior de la nariz era enteramente análgica y carente de reflejos. Sentía ahí los contactos, pero la percepción de este órgano sensorial estaba por completo cancelada para estímulos específicos así como para otros (amoníaco,ácido acético). El catarro nasal purulento se encontraba justamente en una fase de mejoría.
A mi pregunta sobre
la clase de olor que más la perseguía, recibí esta respuesta: «(Como de pastelillos quemados». Sólo me hizo falta suponer, entonces, que en la vivencia de eficacia traumática realmente había intervenido el olor de pastelillos quemados. Por cierto es bastante insólito que se escojansensaciones olfatorias para símbolos mnémicos de traumas, pero no resulta difícil indicar un fundamento para esa elección.
Me resolví entonces a hacer del olor a «pastelillos quemados » el punto de partida del análisis. Contaré la historia de este último como habría podido producirse en circunstancias favorables; de hecho, lo que habría debido ocupar una sesión se extendió a varias, pues la enfermaúnicamente podía visitarme en las horas de consultorio, cuando yo podía consagrarle poco tiempo, y una sola de esas pláticas abarcaba más de una semana, pues sus obligaciones no le permitían hacer con mucha frecuencia el largo viaje desde la fábrica.
Pronto me deshabitué a emprender aquellos ensayos destinados a determinar el grado de la hipnosis, pues en toda una serie de casos ponían enmovimiento la resistencia de los enfermos y me arruinaban la confianza de que yo necesitaba para el trabajo psíquico más importante.
Todas esas experiencias fue que las vivencias de importancia patógena, con todas sus circunstancias accesorias, son conservadas fielmente por la memoria aun donde parecen olvidadas, donde al enfermo le falta la capacidad para acordarse de ellas.^
Me informa, pues, que a losdiecisiete años le sobrevino el primer ataque de vértigo con angustia y sensación de desmayo, yendo por las calles de su pequeña ciudad natal. Y dice que tales ataques se le han repetido de tiempo en tiempo hasta que hace unos pocos años dejaron sitio al padecer de ahora.
Tras esta larga pero indispensable digresión vuelvo a la historia de Miss Lucy R. Como dije, en el intento de hipnosis nocayó en sonambulismo, sino que yacía meramente en calma, en algún grado de influjo más leve, los ojos de continuo cerrados, el gesto algo rígido, sin mover los miembros.
Le pregunté si recordaba la ocasión en que se había generado la sensación olfatoria de los pastelillos quemados. — «¡Oh, sí! Lo sé con toda precisión. Fue hace unos dos meses, dos días antes de mi cumpleaños. Estaba con los niños enel aula, y jugaba con ellos (eran dos niñas) a cocinar; de pronto traen una carta que acababa de entregar el cartero. Por el sello postal y la letra manuscrita en el sobre discierno que la carta es de mi madre, desde Glasgow; quise abrirla y leerla. Entonces las niñas se abalanzan sobre mí, me arrebatan la carta de la mano y exclaman: "¡No, no puedes leerla ahora, es sin duda para tu...
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