Profesor

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MAESTRIA EN ADMINISTRACION EDUCATIVA
EL ALANCRANCERO ( Cuento Local )

Era el segundo de cinco hermanos. Estaba en edad escolar. No tenía deseos de ir a la escuelita del barrio. Sin embargo era el primero en despertarse temprano todas las mañanas. Despertaba asus demás hermanos. Primero bostezaba, estiraba sus brazos y sobre la punta de sus pies se espigaba mirando profundamente. Luego miraba a todos a ambos lados del cuarto. Jorge, su padre, lo observó detenidamente. El pantalón lo abrigaba cómodamente. Y su camisa a cuadro denunciaba su niñez alegre y pícara. Su vestimenta cambiaba cada semana. El pantalón era sostenido por dos tirantes de la mismatela.

— Lolito -decía su padre- ¡levántate! ya amaneció. Anda a la escuela. Tienes que aprender a leer y a escribir tu nombre. Ya estás grande. Niños más pequeños que tú van a la escuela a estudiar y tú, jugando con los tarros de siempre.

Lolito escuchó a su padre la recomendación, en silencio, y una leve sonrisa se dibujó en su inocencia.

Jorge, sin perder más tiempo, cogió en sus manosel serrucho e inició su trabajo de carpintero. Lolito bostezó apenas como desganado. Dejó su cama. Se sentó en el piso y observó lo que había dejado de la cama, como si algo de mucha importancia deseara ver.

De pronto un hilo entre sus dedos de la mano tiraba una mohosa lata de sardina.
De su boca salta un pequeño ruido,…uuuuuummm!, como si un carro hubiera emprendido su marcha raudamente en unlargo itinerario.

Coluyo - así le decían a su hermano mayor-, se movió bruscamente sobre su cama, como si una descarga eléctrica lo hubiera impulsado violentamente. Gritó fuerte, con ayes de dolor que preocupó a todos. El sueño de los que aún dormían se interrumpió bruscamente. Una picada fuerte, como una pinchada de alfiler le había hecho rechinar los dientes.

Levantó la frazada, con losojos exorbitados tratando de descubrir algo inusual. Luego tuvo ante él un alacrán panudo en actitud de volver a picar. La cola erguida como estirándose, encogiéndose. Amenazando, buscaba una mejor posición. Aunque parecía también esconderse debajo entre la ropa de cama.

“Aquí está” -dijo Coluyo tenuemente-. Su voz se había quebrado por el dolor de la picada. Un fuerte dolor invadió su cuerpo.Sintió morirse.

— Un alacrán de Lolo ha picado a Coluyo -dijo Mamerto con tono seguro de lo que decía-. No es mío -replicó Lolo-, aquí están todos los míos -expresó con seguridad-. Y jaló la mohosa lata de sardinas. En su interior varios alacranes panzudos de vientre ceniza y de amarillo brilloso en las extremidades, erguían sus colas, se picaban trenzados unos a otros como enloquecidos.

Loloque había salido del dormitorio jalando el tarro, no se dio cuenta de - gladiadores feroces de esa mañana. El costo de bravas escenas estaba inundado de miradas humanas.

— Carajo -dijo Jorge sonrosado por la preocupación-. Váyase afuera con esos animales. Antes que te castigue. Dónde has aprendido a jugar con esos animales. El día que te piquen vas a dejar esa manía de jugar con esos animalesdel diablo.

Jorge, miró fijamente a Coluyo y éste ya no se quejaba. Parecía que le había descansado la picada. Permaneció mudo, como si la lengua se le hubiera atado. Los ojos lo tenía exorbitados. Quería decir algo y no podía. Tenía dificultad para hablar. Jorge, con más atención, miró a su hijo enfermo, detenidamente. En la mirada del vástago descubrió la gravedad del caso. Coluyo estaba máspálido de lo que era. Su cuerpo sudaba copiosamente.

Su ropa pronto estuvo empapada de sudor. -Ah, carajo! -dijo Jorge-. Mi hijo se muere. Corrió hacia la cocina donde una botija lo esperaba llena de agua fresca. Una angara encontró a su paso y la llevó consigo. Por su apresuramiento golpeó fuerte el tablero de la mesa a su cuerpo, a la altura de su cintura. ¡Ay! -dijo- y recordó a su padre...
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