Profesorado, cultura y posmodernidad

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“Las instituciones educativas católicas pueden y deben prestar un precioso servicio formativo, aplicándose con especial solicitud en la inculturación del mensaje cristiano, es decir, el encuentro fecundo entre el Evangelio y los distintos saberes…para una eficaz educación cristiana al amor, la justicia, la paz, así como para madurar la conciencia en los deberes morales y sociales en el ámbito delas diversas competencias culturales y profesionales” (Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, 2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. No. 532).

1. LA REALIDAD PROBLEMATIZADA
Educar es ayudar a otra persona a mejorarse de modo personalizado, de forma que ella sea siempre la protagonista principal de su aprendizaje. El ideal de la educación es hacerse innecesaria cuanto antes. Dehecho, conforme se incrementa la edad, se necesitan menos guías, menos educación y más aprendizaje personal. Es preciso aprender siempre a aprender e ir dejando el reproducir, imitar, obedece y acentuar el reelaborar, crear, construir la experiencia propia y el desarrollo completo de uno mismo.
Educar tiene diferentes sentidos, es problemático por tres motivos: sus contradicciones, susformulaciones y las exigencias contrapuestas de la sociedad. De toda educación los expertos presuponen lo siguiente: que busca mejorar, que no se limita a buenos deseos, que es observable científicamente, que es normativa (no sólo descriptiva), que no manipula, que sabe que la libertad no se tiene sino que se conquista poco a poco y con esfuerzo, en contra de la permisividad que hoy día nos está rondando. Laeducación busca producir una mejora continua, intencionalidad educativa de la educación formal. Sin embargo, no siempre se logra.
Educación, pues, son las acciones con que se pretende mejorar, conservar o preservar algún aspecto de las disposiciones psíquicas de otros. De ahí que los fines de la educación deban clarificarse: son ideal y tarea al mismo tiempo, especialmente para el educador; secentran más en las disposiciones que en la conducta, más en lo psíquico que en lo moral, más en cambiar a la persona que en cambiar a la sociedad (finalidad política). Por eso, para evitar la manipulación, no basta que el fin sea bueno (ayudar, no dominar), ni que los contenidos (ideas, valores, actitudes, comportamiento) sean válidos; se requiere también, y sobre todo, que la didáctica y lapedagogía sean adecuadas, que respeten y fomenten la condición de agente en el educando.
Así como la educación humana busca -con su pedagogía correspondiente- la maduración integral de la persona, de modo parecido, la educación de la fe busca -con su pedagogía propia- la maduración integral del creyente.
Con mucha razón se dice que no hay una educación de la fe, sino varias porque nadie posee todala Verdad. La vida trasciende toda conceptuación, y de Dios sabemos, sobre todo, lo que no es. No se ha de otorgar una educación apologética, defensiva de la fe; más bien, debe ser dialogante (no sólo enseñar sino también aprender) y ecuménica (convivir respetando las diferencias). No basta una educación de la fe para especialistas (los fieles se quedan sin ella o con una de segunda claseeducación de la fe para laicos). No basta una educación de la fe ilustrada, académica, distante, estática; tiene que estar en contacto con la vida, y a su servicio; debe criticar y comprometerse (praxis comunitaria, función hermenéutica o cognoscitiva del amor y del compromiso que son consecuencia de la fe).
Lo que está en el fondo de la visión estática es la verdad al modo griego, y tal verdad está en lamente, porque es adecuación entre el pensamiento y la realidad; no es praxis, sino doxa; no se hace, sino que se piensa. En cambio, la visión bíblica no es mero saber, sino praxis, vivencia, amor: “quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn 4, 8). Ciertamente, hay que salvar la Verdad. Pero también hay que salvar, y a veces en primer lugar, la vida, la fraternidad, la...
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