Proposición del 9 de octubre

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Proposición del 9 de octubre de 1967 Sobre el Psicoanálisis de la Escuela (versión escrita)



Antes de leerla, subrayo que hay que entenderla
sobre el fondo de la lectura,
a realizar o a volver a realizar,
de mi artículo: "Situación del psicoanalista en 1956"
(de mis Escritos, tomo II).



Se tratará de estructuras aseguradas en el psicoanálisis y de garantizar su efectuación en elpsicoanalista.

Esto se le brinda a nuestra Escuela, tras una duración suficiente de órganos esbozados en base a principios limitativos. Sólo instituimos una novedad en el funcionamiento. Es verdad que a partir de ella surge la solución del problema de la Sociedad psicoanalítica.

Esta reside en la distinción entre jerarquía y gradus.

Produciré en el inicio de este año el siguiente pasoconstructivo:

1) producirlo: mostrárselos;
2) ponerlos de hecho a producir su aparato, el cual debe reproducir este paso en estos dos sentidos.

Recordemos qué existe en nosotros.

Primero, un principio: el psicoanalista sólo se autoriza a partir de él mismo. Este principio está inscrito en los textos originales de la Escuela y decide su posición.

Esto no excluye que la Escuela garanticeque un psicoanalista surge de su formación.

Ella puede hacerlo por su propia cuenta.

Y el analista puede querer ser esa garantía, si así ocurre entonces sólo puede ir más allá: volverse responsable del progreso de la Escuela, volverse psicoanalista de su experiencia misma.

Mirado desde esta perspectiva, se reconoce que en lo sucesivo responden a estas dos formas:

I. El A.M.E. oanalista miembro de la Escuela, constituido simplemente por el hecho de que la Escuela lo reconoce como psicoanalista que ha probado ser tal.

Esta constituye la garantía, distinguida primero, proveniente de la Escuela. La iniciativa le corresponde a la Escuela, en la que es admitido en base a un proyecto de trabajo y sin tomar en cuenta proveniencias o calificaciones. Un analista-practicante sólo estáregistrado en ella al inicio a igual título que cuando se lo inscribe como médico, etnólogo y tutti quanti.

II. El A.E. o analista de la Escuela, al que se le imputa estar entre quienes pueden testimoniar de los problemas cruciales en los puntos candentes en que éstos se hallan para el análisis, especialmente en la medida en que ellos mismos están en la tarea, o al menos en la brecha, de suresolución.

Este lugar implica que uno quiera ocuparlo: sólo se puede estar en él por haberlo demandado de hecho, o bien de forma.

Queda establecido pues que la Escuela pueda garantizar la relación deñ analista con la formación que ella dispensa.

Puede y, por ende, debe.

Aparece aquí el defecto, la falta de inventiva, para cumplir con un oficio (ése, del que se ufanan las sociedadesexistentes) encontrando en él vías diferentes, que evitan los inconvenientes (y los perjuicios) del régimen de esas sociedades.

La idea de que el mantenimiento de un régimen semejante es necesario para reglar el gradus, debe ser considerada en sus efectos de malestar. Ese malestar no basta para justificar el mantenimiento de la idea. Menos aún su retorno práctico.

Que haya una regla del gradusestá implicado en una Escuela, ciertamente aun más que una sociedad. Porque, después de todo, en una sociedad no se la necesita para nada, cuando una sociedad sólo tiene intereses científicos.

Pero hay un real en juego en la formación misma del psicoanalista. Sostenemos que las sociedades existentes se fundan en ese real.

Partimos también del hecho, que parece perfectamente plausible, de queFreud las quiso tal cual son.

No es menos patente -y para nosotros concebible- el hecho de que este real provoca su propio desconocimiento, incluso produzca su negación sistemática.

Está claro pues que Freud asumió el riesgo de cierta detención. Quizá más: que vio en ellas el único refugio posible para evitar la extinción de la experiencia.

No es privilegio mío el que nos enfrentemos a...
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