Psicologia forense

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REFLEXIONES SOBRE LA CONDUCTA Y EL LIBRE ALBEDRÍO Diálogo con E. R. Zaffaroni Los revolucionarios aportes que se efectúan día a día en el campo de las psiconeurociencias están trasformando –quiérase o no- a la psicopsiquiatría forense, siendo mirados con temor por el amplio espectro de pensamiento sobre el que se extiende la doctrina penal y, de modo muy especial, en el terreno de la aplicaciónde este derecho penal, la penología y la obsoleta y superada criminología del siglo XX. En efecto, sobre el tapete, temáticas que espeluznan a no pocos, como el que hace al libre arbitrio y, sobre todo a la peligrosidad del ser humano, campos ambos que no deben ser tomados en conjunto, so riesgo de caer en mayores dislates en defensa de la “seguridad social” -o como se prefiera llamarlo en elmomento actual- que los producidos en décadas inmediatas previas y hasta hoy en día mismo, en que algunas naciones del primer mundo optan por institucionalizar privando de su libertad a determinados sujetos, sin siquiera enrostrarles algún delito específico, pero fundado ello en una aplicación manipulada de la bina conformada por un lado por el “peligrosismo” y por la otra, por una indebida e infundadaextensión de la evidencia científica que introducen con caracteres de auténtica tsunami, las interciencias de la conducta (genética, epigenética, las variadas biologías altamente especializadas –particularmente a nivel de la trasmisión interneuronal, neuroendocrina y molecular-, la etología, la psicosociología comparada, etc…). A ello puede agregarse que ya es común en el mundo civilizado, hablarde detección precoz de presuntos criminales de elevada peligrosidad, no tanto para asistirlos como les correspondería por derecho, como para protegerse la sociedad de ellos, estigmatizando en los mismos aquello hacia cuya causalidad probable apuntan recientes investigaciones de todo orden como residiendo en el propio estiércol que produce la sociedad acusadora, temerosa ahora de los males que ensí misma engendra con prolificidad notoria, atiza sin reparo alguno y persigue con fruición, hasta el punto de que Astrea y Dicea -hijas de Júpiter y Temis- vírgenes de la Justicia, están siendo sustituidos no tanto por Némesis, cuanto por las Keres –canes del Hades- ejecutoras de la Venganza, siempre reacias a todo aliento apaciguador, como al revés sí lo fueron las Erynias sensibles al soplo deAtenea, en el caso de Orestes, víctima del irracional y contradictorio mandato matricida impuesto por los dioses y azuzado por Elektra su hermana. Milenios después en sociedades que se proclaman civilizadas e invocan a voz en cuello los derechos de los humanos, sus componentes no vacilan empero en manipular a aquéllos en provecho de sus peculiares y vengativas ideologías e historias desplazando aTemis –madre de las Hesperides- desde el trono del que mana el espíritu de justicia, de los usos y de las leyes, hacia la dimensión de lo fatídico, acercándola a Hécate, hija de Hera, la temida noctámbula trirostrada, que rodeada por perros infernales, recorría los caminos, reposaba sobre las tumbas y azuzaba a sus terribles acompañantes a los lugares de crimen para destrozar culpables. ¿Acaso enla civilización de los últimos siglos no ha reinado más que en otros anteriores esta diosa traciana, sembrando por doquier sus demonios para enloquecer y torturar a los hombres? Es curioso que la historia humana reitera una y otra vez períodos que nomina pomposamente con colores propios de la lírica o de la épica y que en vez constituyen densos cortinados que ocultan –pero no tanto- la profundatragedia que ocultan. Díganlo si no, las “proclamas” jacobinas surgidas desde multiplicidad de cadalsos en el siglo XVIII, las aplaudidas instituciones napoleónicas germinadas en ruinas de sangre y pólvora en los albores del XIX, el nuevo

orden hitleriano, fugaz en el tiempo pero inmortal en el holocausto provocado, la paz staliniana, exaltada por gran parte de la inteligencia europea de post...
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