Que extraña tortura

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QUE TORTURA TAN EXTRAÑA

El compañero Crecenti pertenecía a la recia estirpe de los Profesores Normalistas. A la de aquellos Maestros que nos recogían en la playa del Primero de Preparatorias de cualquier escuela con número de la República y nos llevaban en una travesía que duraba seis años hasta el Gran Puerto Sexto, dejándonos aptos para enfrentar la vida.
Sus alumnos eran los hijos de lostrabajadores, de los pobres y de los enfermos.
Este contacto de tantos años con el verdadero Chile, llevó a Don Crecenti a optar por una posición crítica al sistema imperante, actitud que le granjeó el cariño de la comunidad y por cierto, el odio de los responsables de las terribles desigualdades.
Por eso, que cuando llegó el tiempo de la charretera y el bando, del magneto y el somier, ver supequeña y redonda figura desplazarse nerviosa sobre el parquet de la cancha de básquebol del gimnasio techado, no fue un hecho que obligara comentarios especiales
El gimnasio techado del regimiento Pudeto, a la sazón transformado en Campo de Concentración, lo compartía Don Crecenti con varios centenares de presos políticos o “Prisioneros de Guerra”.
Estos copaban completamente la cancha deparquet y las graderías que se levantaban a ambos lados.
Sólo el sector de las letrinas y de la puerta de acceso al gimnasio permanecía siempre despejado y vigilado por soldados armados de metralletas. Se le conocía como la “Tierra de Nadie”
Los que conocíamos mas de cerca al Maestro, notamos que el evento que estaba viviendo, afectaba su conocida locuacidad.
A los pocos días de estar encautiverio, ya casi no hablaba y sólo se limitaba a cambiar un par de palabras con sus más cercanos. Su mutismo se acentuaba al mismo tiempo que aumentaban sus interminables caminatas a ninguna parte.
El suceso diario más extraordinario de nuestra rutina, tenía lugar dos veces al día, de lunes a viernes, uno en la mañana y el otro al atardecer.
En efecto, a eso de las 9 de la mañana, las puertas se abríancon violencia, como pateadas, y montado sobre la estela de ruidos, irrumpía en la “Tierra de Nadie”, el “Cochero de la Muerte”. Portaba dos enormes pistola en las cananas que llevaba a ambos lados de su cuerpo, siempre con un corvo en la mano, violento y enmascarado.
Con agilidad y la “LISTA” en mano, trepaba hasta el vivac de la Comandancia del Campo que se hallaba instalado sobre el techo delas letrinas.
De inmediato, cogía el micrófono e iniciaba la lectura de los nombres de las personas que serían llevadas a distintos centros de torturas para interrogarlas.
Los altoparlantes amplificaban el terror de esta ceremonia.
Todos quedábamos petrificados. Deseando no existir. No ser fulano de tal. No tener nombre. No ser. Ser N.N.
Al ser nombrado había que gritar ¡presente, señor! ycorrer hacia la puerta entreabierta, atravesando la “Tierra de Nadie”, hasta desaparecer por ella.
Completada la lectura, el “Cochero de la Muerte” doblaba con cuidada prolijidad la “LISTA” y profiriendo amenazas de muerte y de nuevos tormentos, sellaba su sainete con un brutal portazo. Después, regresábamos a nuestra “cotidianeidad”
Al atardecer, como ya se dijo, ocurría el otro episodio: Elretorno de los interrogados del día.
Por la misma puerta que les sacaron, entraban. Algunos, arrastrándose, los menos, caminando con dificultad. Otros, no volvieron.
Aun no terminaban de ingresar, cuando raudos y diligentes, un grupo de prisioneros, se le acercaban para brindarles los primeros auxilios.
Eran los miembros del Comité de Recepción, creado y organizado para atender a los martirizados.El comité estaba integrado por médicos, practicantes y otros con conocimientos en el terreno de la salud. Los había también aquellos que actuaban para suministrar, líquidos, alimentos, remedios, vendas, ropa limpia y seca, incluso para llevar a las duchas a los que llegaban embadurnados con mierda.
Como era lógico, el encargado del comité tenía que preguntar a que tipo de tormento habían sido...
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