Querido diego te abraza quela

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  • Publicado : 20 de septiembre de 2010
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Elena Poniatowska

Querido Diego, te abraza Quiela

En el estudio, todo ha quedado igual, querido Diego, tus pinceles se yerguen en el vaso, muy limpios como a ti te gusta. Atesoro hasta el más mínimo papel en que has trazado una línea. En la mañana, como si estuvieras presente, me siento a preparar las ilustraciones para Floreal. He abandonado las formas geométricas y me encuentro bienhaciendo paisajes un tanto dolientes y grises, borrosos y solitarios. Siento que también yo podría borrarme con facilidad. Cuando se publique te enviaré la revista. Veo a tus amigos, sobre todo a Elie Faure que lamenta tu silencio. Te extraña, dice que París sin ti está vacío. Si él dice eso, imagínate lo que diré yo. Mi español avanza a pasos agigantados y para que lo compruebes adjunto estafotografía en la que escribí especialmente para ti: “Tu mujer te manda muchos besos con esta, querido Diego. Recibe esta fotografía hasta que nos veamos. No salió muy bien, pero en ella y en la anterior tendrás algo de mí. Sé fuerte como lo has sido y perdona la debilidad de tu mujer”. Te besa una vez más. Quiela. ..................................................... Ni una línea tuya y el frío no ceja ensu intento de congelarnos. Se inicia noviembre un invierno crudísimo y me recuerda de 1921 a otro que tú y yo quisiéramos olvidar. ¡Hasta tú abandonabas la tela para ir en busca de combustible! ¿Recuerdas cómo los Severini lleva/ ron un carrito de mano desde Montparnasse hasta más allá de la barrera de Montrouge donde consiguieron medio saco de carbón? Hoy en la mañana al alimentar nuestra estufitapienso en nuestro hijo. Recuerdo las casas ricas que tenían calefacción central a todo lujo- eran, creo, calderas que funcionaban con gas- y cómo los Zeting, Miguel y María, se llevaron al niño a su departamento en Neuilly para preservarlo. Yo no quise dejarte. Estaba segura que sin mí ni siquiera interrumpirías tu trabajo para comer. Iba a ver al niño todas las tardes mientras tú te absorbías en“El Matemático”. Caminaba por las calles de nieve ennegrecida, enlodada por las pisadas de los transeúntes y el corazón me latía muy fuerte ante la perspectiva de ver a mi hijo. Los Zeting me dijeron que apenas se recuperara se lo llevarían a Biarritz. Me comnovía el cuidado con que trataban al niño. María sobre todo, lo sacaba de la cuna -una cuna lindísima como nunca Dieguito la tuvo- con unaprecaución de enfermera. Aún la miro separar las cobijas blancas, la sabanita bordada para que pudiera yo verlo mejor. “Hoy pasó muy 7 de

buena noche” murmuraba contenta. Lo velaba. Ella parecía la madre, yo la visita. De hecho así era pero no me daban celos, al contrario agradecía al cielo la amistad de los Zeting, las dulces manos de la joven María arropando a mi hijo. Al regresar a la casa,veía yo los rostros sombríos de los hombres en la calle, las mujeres envueltas en sus bufandas, ni un solo niño. Las noticias siempre eran malas y la concierge se encargaba de dármelas. “No hay leche en todo París” o “Dicen que van a interrumpir el sistema municipal de bombeo porque no hay carbón para que las máquinas sigan funcionando”, o más aún “el agua congelada en las tuberías las estáreventando. Dios mío, todos vamos a morir”. Después de varios días, el médico declaró que Dieguito estaba fuera de peligro, que había pasado la pulmonía. Podríamos muy pronto llevarnoslo al taller, conseguir algo de carbón, los Zeting vendrían a verlo, nos llevarían té, del mucho té que traían de Moscú. Más tarde viajaríamos a Biarritz, los tres juntos, el niño, tú y yo cuando tuvieras menos trabajo.Imaginaba yo a Dieguito asoleándose, a Dieguito sobre tus piernas, a Dieguito frente al mar. Imaginé días felices y buenos, tan buenos como los Zeting y su casa en medio de los grandes pinos que purifican el aire como me lo ha contado María, casa en que no habría privaciones ni racionamiento, en que nuestro hijo empezaría a caminar fortalecido por los baños de sol, el yodo del agua de mar. Dos...
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