Quien de ellos

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  • Publicado : 13 de marzo de 2011
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¿Quién de ellos no era yo?
El Señor esté con vosotros... El sepelio es el fin de la primera persona. Una ocasión pomposa
donde unos cuantos ellos despiden a otro yo de su nosotros, a la vez que lo envían a otro ellos,
más hondo e insondable. Ellos: los que no están, ni van a estar. Los que, si un día estuvieran,
nos harían correr despavoridos. ¿o no es así, despavoridos como dicen que correnlos que
huyen de los muertos? Lo más fácil, e incluso lo más lógico, sería que enterrásemos a
nuestros difuntos en el jardín de la que fue su casa. Pero entonces ya nadie se sentiría en su
casa, ni en su mundo, sino sólo en el de ellos.– los temibles difuntos–, a quienes conducimos
al panteón para poner entre ellos y nosotros no sólo tierra, sino de preferencia un mundo de
por medio. Por másque añoremos a nuestros muertos, no queremos estar ni un instante en su
mundo. Ni respirar su aire, ni mirar su paisaje.
Desde la cripta de la familia Macotela, camuflado por el olvido de los vivos, Pig divide el
paisaje de tumbas sobre tumbas sobre tumbas en dos: a izquierda y a derecha de la mole
blanca: una grandilocuente cripta en condominio a cuyo borde abre las alas una gran paloma,entre chispas doradas que acusan la presencia de la Tercera Persona de la Trinidad. Son cinco
pisos, con nueve bóvedas en cada uno: cuarentaicinco departamentos, amparados por el titulo
impreso entre el cuarto y el quinto piso:
“Hijos Predilectos del Espíritu Santo”
Ocho criptas vacías: en ninguna cabría entero un muerto, pero sí las cenizas de varios.
Cuarentaicinco menos ocho igual atreintaisiete. ¿Cuántas urnas por cripta? Cuatro, tal vez.
Cuatro por treintaisiete igual a ciento cuarentaiocho. Eso, claro, si las que están ocupadas
tienen ya sus cuatro. Potencialmente, la cripta en condominio podría albergar hasta ciento
ochenta inquilinos. Pig calcula: un metro de profundidad por diez de ancho. Diez metros
cuadrados. Es decir, a dieciocho difuntos por metro cuadrado. La familiaMacotela, en
cambio, posee un espacio que Pig estima en cuando menos tres por cuatro: doce metros
cuadrados, todos ellos en honor a los cuatro inquilinos que para siempre y a sus anchas
reposan en el sótano, cada uno con tres metros cuadrados de terreno a su disposición, en dos
cómodas plantas. Por ahí de las cinco de la tarde de un lunes soleado que se mira sombrío a
través de los vidriosopacos de la cripta Macotela, Pig concluye que una mujer como Violetta
jamás toleraría –ni muerta, ni en cenizas– terminar sus días en ese palomar, soportando
además el tácito desdén de los señores Macotela, condenados a contemplar a perpetuidad el
paisaje de la miseria encaramada sobre si misma. ¿Quién iba a convencer a Violetta de la
predilección de la Tercera Persona del Verbo –quien es perono es una paloma– por lo que a
todas luces era un palomar? ¿Tiene acaso mal gusto el Espíritu Santo?
Pig sofoca una risa nerviosa, inoportuna, estúpida. Podría andar por ahí un enterrador, un
aguador, un deudo: nadie quiere escuchar risas idiotas saliendo de las criptas. Con frecuencia
se ríe de chistes malos, insulsos, como si todo el acto de reírse fuese una suerte de
certificación: Ah, yaentiendo. ¿Qué es lo que Pig entiende, en este caso? Concretamente, que
no todos los fans de la Tercera Persona del Verbo tienen acceso a su camerino. Y entonces se
le ocurre que Violetta no dudaría en tachar hijos y escribir en su lugar siervos, ni en un rato
después volver para tachar siervos y escribir criados. Pero ¿qué no un cristiano de verdad
humilde tendría que considerarse criado,antes que siervo?
XAVIER VELASCO DIABLO GUARDIÁN
— 6 —
Cuando los vio venir, Pig llevaba tres horas esperando. Entró poco antes de las dos de la
tarde, aprovechando el vuelo bajo de un avión para darle el jalón a la llave de cruz, y así
probar el choque eléctrico del miedo tras el estruendo sordo del pestillo al quebrarse. Se
habían roto las bisagras, además. En todo caso desde afuera no se...
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