Raices

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  • Publicado : 26 de octubre de 2010
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Podría hacer una historia de la poesía quien se ocupara de los poetas y el corazón, es decir, el “corazón”: el literario. Hay memorables corazones poéticos, incluso el del impecable humorista involuntario Margarito Ledesma: “el corazón humano de la gente”. La canción popular, de la balada ranchera al bolero, seria impensable sin la alimentación arterial del sentimiento y sin el recurso a todaslas preposiciones gramaticales (a, ante, bajo, etc.), aplicadas al corazón. En efecto, como dijo Salvador Novo, el problema central del corazón es que ya todos tenemos uno. Si la luna es un banco de metáforas arruinado, según Ramón Gómez de la Serna, el corazón es un cheque sin fondo, que diga: sin fondos.

Mas raro es el registro literario del corazón-corazón, el órgano “que tiene trececentímetros de largo por nueve de ancho y seis de espesor”, como ha recordado hace poco el escritor brasileño Rubén Fonseca. Recordemos por eso una de las novelas mas famosas del siglo 20, donde el personaje poeta Yuri Andreievich Zhivago, mejor conocido como El doctor Zhivago, padece una enfermedad cardiaca. Claro: en los veinticinco poemas que cierran el libro y que su autor Boris Pasternak atribuye a sumismo personaje, el doctor Zhivago, no deja de aparecer hasta en unas cuatro veces “el corazón”, el corazón literario del poeta. Pero en el cuerpo de la novela la enfermedad de Zhivago es central. “Durante estos últimos años”, dice el narrador en algún momento, “la enfermedad del corazón que el mismo se había diagnosticado tiempo atrás, pero cuya gravedad desestimo, entro en una etapa avanzada”.Poco después el lector asiste a los siguientes diálogos y escenas de Yuri Zhivago con unos amigos:

– Me tengo que ir-dijo Yuri Andreievich-. No te enojes conmigo, Misha. Aquí adentro esta caliente y cargado. Necesito aire fresco.

– Pero la ventana esta abierta, la de abajo. Discúlpanos hemos estado fumando mucho. Se nos olvida que no debemos fumar contigo aquí. Pero no es mi culpalo cargado de ambiente, la ventana esta mal. O consígueme otro cuarto.

– Tengo que irme, Misha. Ya hablamos bastante. Gracias por preocuparse…No estoy fingiendo, ya sabes. Es una enfermedad que tengo, esclerosis del corazón. Las paredes del músculo del corazón se gastan y adelgazan, y un buen día revientan. Todavía no tengo cuarenta años, y no he sido un borracho ni queme la vela por losdos lados.

– No digas tonterías. Todavía no tocamos tu marcha fúnebre. Vas a sobrevivirnos.

Zhivago dice unas palabras que hablan por la poca importancia que le da, como medico, a su propio diagnostico, al atribuir su mal no a una causa física: Las formas microscópicas de hemorragias cardiacas se han vuelto muy frecuentes en los últimos años. No siempre son fatales. Algunos sobreviven.Es una típica enfermedad moderna. Creo que sus causas son de orden moral. La gran mayoría de nosotros se ve sometida a una duplicidad constante, sistemática. La salud es afectada si, cada día, dices lo contrario de lo que sientes, si te postras ante lo que te disgusta y te alegras ante lo que te desgracia.

Paginas adelante el narrador Boris Pasternak (quien por cierto no murió de una afeccióncardíaca, sino de cáncer pulmonar) deja en claro que el mal de su personaje Zhivago no era de orden moral sino de una fisicalidad definitiva. Zhivago va en un tranvía lleno, mientras divaga y sigue tras la ventanilla a una mujer que por las calles avanza paralela a la lentitud y las constantes paradas del tranvía. “El doctor sintió de pronto un ataque de nausea… trató de abrir la ventanilla sinlograrlo… Súbitamente sintió un dolor agudo, mas fuerte que cualquier otro en su vida; se dio cuenta de que algo se había roto dentro de él, de que había hecho algo irreparable, fatal, y que este era el fin”. Zhivago logra bajar del tranvía abriéndose paso entre los gritos y los reclamos de los atiborrados tranviarios: “Bajó del tranvía detenido, dio un paso, otro, un tercero, cayó sobre el...
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