Rampo edogawa

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  • Publicado : 4 de noviembre de 2011
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El viajero con el cuadro de las figuras de tela
Rampo Edogawa

Si esta historia que estoy a punto de contar no fue un sueño o una serie de alucinaciones, entonces aquel viajero del cuadro de las figuras de tela tenía que estar loco. O incluso puede que, en realidad, mis ojos captaran por un instante un rincón de otro mundo, como a través de un cristal mágico, del mismo modo que unsueño suele transportarnos a los dominios de lo sobrenatural, como un demente ve y oye cosas que nosotros, los cuerdos, somos del todo incapaces de percibir.
Un día cálido y nublado de un pasado remoto me dirigía a mi casa de regreso de un viaje turístico a Uotsu, esa ciudad del mar del Japón famosa por sus espejismos. Siempre que cuento esta historia, quienes me conocen suelencontradecirme, asegurando que jamás he puesto mis pies en Uotsu. Esta circunstancia me sume de forma invariable en un gran dilema, ya que no poseo la menor prueba de haber estado realmente allí, y entonces empiezo a preguntarme si, después de todo, aquello no sería más que un sueño.
Pero, si no fue más que eso, ¿cómo explicar los vívidos colores que era capaz de distinguir en el "sueño"? Es un lugarcomún, como reconocerán todos los que sueñan, que las escenas que aparecen en el subconsciente carecen por completo de color y se muestran de un modo similar al de los destellos de una película en blanco y negro. Sin embargo, la escena en el interior del vagón del tren regresa nítida hasta mi mente incluso en este preciso instante, sobre todo el estridente cuadro de telas de colores chillones,púrpura y rojo carmesí, con aquellos oscuros y penetrantes ojos de serpiente que poseían las dos figuras representadas en él.
Muy poco antes había presenciado un espejismo por primera vez en mi vida. En un principio esperaba que un espejismo fuera algo semejante a una pintura antigua, quizá un hermoso palacio que flotara majestuoso en un mar de niebla, pero la visión de un espejismo de verdad medejó, cuando menos, desconcertado. Allí, en Uotsu, bajo las retorcidas ramas de los viejos pinos alineados junto a la playa argentina, un nutrido grupo de turistas, entre los que me encontraba yo, miraba atento el mar y el ancho cielo. Jamás el mar había ofrecido una sensación tan sobrenatural de vacío. Era de un inquietante gris lleno de malos augurios, sin una sola ondulación, con un aspecto quemás bien recordaba al de un pantano infinito.
Yo tenía la vista fija en el punto más lejano que me permitían los ojos. Me di cuenta de que la línea del horizonte no existía, de que cielo y mar se fundían en una densa bruma gris. Y sobre esa bruma de pronto surgió, fantasmagórico, un enorme e imponente lienzo blanco que se deslizaba suave y sereno.
En lo que al espejismo como tal serefiere, daba la impresión de que hubieran vertido unas gotas de tinta china sobre la superficie de una película blanca como la leche, para después realizar una proyección de enormes dimensiones con el cielo en dad de pantalla. Los bosques de la lejana península de Noto aparecían aumentados en una imagen a un tiempo vaga y gigantesca, como gusanos negros a través de la lente mal enfocada de unmicroscopio. En ocasiones también adquiría el aspecto de una nube de extraña forma. Pero la posición de una nube auténtica se distingue con claridad, mientras que en este caso descubrí que la distancia entre el espejismo y el observador era, curiosamente, imposible de calcular. Esta incertidumbre con respecto a la distancia confería al espejismo una sensación incluso más misteriosa de lo que jamáshabía imaginado.
De cuando en cuando el espejismo adquiría la forma de un horrible ogro flotando en el cielo lejano; apenas un instante después cobraba otra monstruosa e indefinida apariencia que se alzaba a escasos centímetros de mi rostro. En otros momentos era como un punto gigante y negro situado exactamente delante de mis ojos. Acto seguido empezaba a crecer poco a poco un trémulo...
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