Razón y sentimientos concepciones de la democracia liberal en jürgen habermas y richard rorty.

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RAZÓN Y SENTIMIENTOS
Concepciones de la democracia liberal
en Jürgen Habermas y Richard Rorty.
Segunda parte: críticas y aportes.

Por Marcelo Córdoba

Introducción.

En esta segunda parte del trabajo me propongo desarrollar algunas de las críticas y objeciones a que se exponen ambos autores. En el caso de Habermas, he optado por la crítica inmanente de su concepción discursiva de lademocracia. Esto significa que las dos críticas que reseñaré apuntan a revelar las “tensiones internas” a las propias ideas de Habermas. Tanto McCarthy como Wellmer—quienes aportan lo central a ambas objeciones—son autores adscriptos a la Teoría Crítica. Así pues, en lugar de interpelarla desde alguna tradición teórica opuesta, estas argumentaciones parten básicamente de los mismos presupuestos dela ética del discurso.
En síntesis, las críticas a Habermas procuran recalcar: el residuo de platonismo implícito en la exigencia (constitutiva del discurso racional) de llegar a un acuerdo universal motivado racionalmente; la necesidad de flexibilizar algunos de los presupuestos de la ética del discurso a los fines de adaptarla, en cuanto modelo normativo de democracia, a las condicionesimperantes en las sociedades civiles contemporáneas; la inadecuación demostrada por los metaprincipios del discurso racional cuando se pretende que de ellos derive un principio de libertad individual (y, por consiguiente, la necesidad de completar el modelo de racionalidad discursiva con un concepto de derechos fundamentales que garantice una esfera de libertad “negativa”).
En el caso de Rorty, lacrítica girará en torno al carácter unilateral de su definición de libertad política. Así pues, si el pensamiento político liberal, históricamente, ha considerado a la tiranía como el summum malum, pienso que este autor debería afinar sus herramientas conceptuales a los fines de evitar incurrir en una velada aprobación de aquello que manifiesta rechazar. Pienso que su anhelo de una “utopía liberal”,cuyos ciudadanos sean tan “privatistas como lo deseen, en la medida en que lo hagan sin causar perjuicios a los demás”, comporta un argumento autorrefutador.
Para demostrar estas conjeturas he apelado a las elaboraciones de algunos autores (Arendt y Tocqueville, principalmente), cuyas concepciones de la libertad política responden, conforme a la categoría de Wellmer, a una definición “comunal”.En síntesis: comienzo con una reseña de los conceptos arendtianos de tiranía y burocracia (en cuanto formas de negación de la esfera de los asuntos humanos), a los cuales, por su parte, relaciono con la idea, sugerida por Tocqueville, del despotismo “blando” como tendencia presente en la democracia de masas. Esto me permitirá afirmar las condiciones de “radical aislamiento” en que sedesenvolverían las existencias de los ciudadanos de la comunidad liberal de Rorty. Por lo demás, argumentaré que la propuesta de este autor de establecer una “esfera pública” que contrarreste dicho aislamiento no puede sino fracasar, dado que su idea de solidaridad social es descripta en términos que la hacen constitutivamente inadecuada como aglutinante ético-político.

Habermas y el irreductible derechoa disentir.

Primera Crítica: cuando el consenso racional es imposible.

La primera crítica apunta a la posibilidad, inherente a todo discurso práctico, de llegar a un consenso racional. Es Thomas McCarthy—uno de los principales intérpretes y comentaristas de la obra de Habermas—quien se encarga de articularla, si bien la misma se halla presente en varios autores. Se trata, en efecto, de unacrítica que alcanza el corazón de la teoría moral de Habermas, puesto que revela las dificultades presentes en su propósito de reformular las nociones kantianas de razón práctica y autolegislación autónoma.
Para Habermas, recordemos, la posibilidad de sellar un consenso racional entre sujetos morales libres e iguales, no constituye simplemente un ideal normativo o regulativo del discurso...
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