Reconocimiento y hospitalidad

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  • Publicado : 11 de enero de 2012
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RECONOCIMIENTO Y HOSPITALIDAD*

Reyna Carretero Rangel

En un periódico español la imagen de un hombre envuelto en fuego, inmolándose frente al Ministerio de Relaciones Internacionales de Madrid, demanda la mirada que nunca llegó en vida; aquella que le permitiría ser deportado junto con su familia a su pueblo natal en Rumania. Vida de indigente trashumante, ignorada a su paso por todos, yen especial por aquellos oficialmente responsables de atender sus demandas. Al no ser escuchado, obligado con su familia a vagar por la ciudad, sin techo y sin comida, entregó su vida en este acto extremo que es llamado radical de respeto a la dignidad esencial e inviolable del ser humano.
En otro lugar, en Alemania, diez mil personas se suicidan cada año; cincuenta por ciento de ellasancianas, la mayor parte de los muertos son profesionales, médicos, maestros o farmacéuticos. Como reflejo del estado de abandono y soledad en que viven muchos en este país europeo hay un disco que se vende con el título Nunca más solo, el cual se promueve como método innovador para acompañarlos, aunque tengan otras comodidades. El disco contiene sonidos que hacen sentir a quien lo oye que hay otraspersonas en su propio hogar, y en la portada aparece la cara de una muñeca adulta. Entre los temas se encuentran El refrigerador está lleno otra vez, Darle una hojeada al periódico, Secarse el pelo con la secadora, Hora de lavar los trastes, Cualquiera tiene que ir al baño, Freírse un bistec, Darse un baño, y Planchar una camisa.
En México la noticia sobre los setenta y dos migrantescentroamericanos asesinados en el norte del país es el relato extremo del pasaje de terror de los trashumantes hacia Estados Unidos; miles de narraciones de abuso, extorsión, esclavitud se agolpan en la abigarrada agenda de los medios de comunicación que ha normalizado el horror en su repetición incesante. Como en la mayoría de megalópolis del mundo, en su ciudad capital cientos de indigentes, ancianosabandonados y niños en la calle trabajando como payasitos, tragafuegos, casi todos bajo los efectos de una droga barata, pueblan los círculos dantescos de las metrópolis contemporáneas.
Tales experiencias nos acosan cada amanecer en distintas regiones del planeta y reflejan algunas de las múltiples aristas que predominan en el siglo que comienza: la indigencia material y espiritual que, con susmáscaras y representaciones de muerte y destrucción, llevan a millones de personas a padecer migraciones en condición de miseria extrema; a ser víctimas de la trata de personas, de violaciones, secuestros y asesinatos. Una indigencia desconsoladora que convierte al mundo en un hervidero de narraciones cotidianas basadas en la desmesura, en lo impensable, en lo insostenible, lo que no puede simbolizarseporque, como escribe Kristeva, pertenecen al poder de una realidad exorbitante, infame.
Realidad exorbitante que rebasa con mucho nuestra capacidad de nombrar el mundo, de darle un nombre a la experiencia compartida e individual. La indigencia, que no es sólo material, sino ética, se revela así como oquedad, como ausencia de identidad, de poderse nombrar, de contarse un pasado, de una memoria yproyectarse un futuro, de un hacia dónde ir. Condición que nos coloca trágicamente en un presente sin fondo ni sustancia, efímero y resbaladizo, sin fuerzas que provengan de un pasado y nos ayuden a pensarnos en un futuro donde se abra el espacio para preguntarnos ¿no quieres volver a probar el sabor de la cereza?
La soledad gestada y derivada del esfuerzo para alcanzar la autorrealización enel auge del individualismo ha conducido a un vacío desolador y a una depresión colectiva que imposibilitan la ejecución de la vida; un vacío y hundimiento que nos llevan personalmente y como sociedad a la «fatiga de ser uno mismo»; esa permanencia de las mil y una noches consigo mismo que en la demandante actividad y ansia de intensidad nos deja exhaustos, y ante la cual no queda más que...
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