Recuerdo de mi infancia

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Librodot Sobre la conquista del fuego Sigmund Freud
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Segmund Freud
CLXIV SOBRE LA CONQUISTA DEL FUEGO (*)
1931 [1932]
EN una acotación a mi estudio sobre El malestar en la cultura aludí, aunque sólo
incidentalmente, a cierta conjetura que el material psicoanalítico nos ofrece respecto de la
forma en que el hombre primitivo habría conquistado el dominio sobre el fuego. Véome
ahorainducido a volver sobre el mencionado tema por las opiniones discrepantes de la mía
que expuso Albrecht Schaeffer y por la sorprendente referencia de Erlenmeyer, en su
reciente estudio, acerca de la prohibición de orinar sobre las cenizas que rige entre los
mogoles.
Creo que mi hipótesis -de que la condición previa para la conquista del fuego habría
sido la renuncia al placer de extinguirlo con elchorro de orina, placer de intenso tono
homosexual- puede ser confirmada mediante la interpretación de la leyenda griega de
Prometeo, siempre que se tenga debida cuenta de la obvia deformación que media entre los
hechos históricos y su representación en el mito. Estas deformaciones son de la misma
índole -y no más violentas- que las que toleramos a diario cuando reconstruimos, a partir de
lossueños de nuestros pacientes, sus vivencias infantiles reprimidas, tan
extraordinariamente importantes. Los mecanismos aplicados en esta deformación consisten
en la representación simbólica y en la sustitución por lo contrario. No me atrevo a
interpretar de tal manera todos los rasgos del mito, pues bien podría ser que en su trama se
hubiesen agregado a los hechos primitivos otros sucesos másrecientes. Pero los elementos
que admiten interpretación analítica son precisamente los más notables e importantes: la
manera en que Prometeo transporta el fuego, la índole de su acto (sacrilegio, robo, engaño
de los dioses) y el sentido del castigo que se le impone.
EI titán Prometeo -un héroe cultural aún dotado de carácter divino; quizá en la
versión original un demiurgo y creador de sereshumanos- trae, pues, a los hombres, oculto
en un bastón hueco, en una rama de hinojo, el fuego que ha robado a los dioses. Si nos
hallásemos ocupados en la interpretación de un sueño, de buen grado entenderíamos aquel
escondrijo como un símbolo fálico, pese a que nos molesta un tanto la insólita acentuación
de su oquedad. Pero, ¿cómo relacionar este tubo fálico con la conservación del fuego?He
aquí una conexión que nos parece infructuoso establecer, hasta que recordamos el proceso
de la transformación o sustitución por lo contrario, de la inversión de las relaciones mutuas,
tan frecuente en el sueño y tantas veces revelador de su sentido oculto. No es el fuego lo
que el hombre alberga en su tubo fálico, sino, por el contrario, el medio para extinguir la
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llama, el líquido chorro de su orina. De este vínculo entre fuego y agua surge al punto un
material analítico que ya nos es familiar.
En segundo lugar, nos hallamos con que la conquista del fuego es un crimen
sacrílego, pues se obtiene mediante el robo, la sustracción. Henos aquí ante un rasgo
constante e invariable de todas las leyendas sobre la conquista delfuego, presente en los
pueblos más dispares y distantes, y no sólo en la leyenda griega de Prometeo, el portador de
la Ilama. Aquí debe hallarse, pues, el elemento nuclear de esta deformada reminiscencia
humana. Pero, ¿por qué aparece la obtención del fuego indisolublemente ligada a la idea de
un sacrilegio? ¿Quién es aquí el perjudicado, el engañado? En la versión de Hesíodo la
leyenda nosofrece una respuesta directa, pues en otra narración, no vinculada directamente
con el fuego, Prometeo engaña a Zeus en favor de los hombres, al preparar los sacrificios
que le son ofrendados. ¡De manera que los engañados son los dioses! Como se sabe, la
mitología concede a los dioses el privilegio de satisfacer todos los deseos a que la criatura
humana debe renunciar, como bien lo vemos en el...
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