Recuerdos prestados

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Recuerdos prestados



Recuerdos prestados

































Cecelia Ahern



Traducción de Borja Folch











VERGARA
GRUPO ZETA*




Barcelona. Bogotá. Buenos Aires. Caracas. Madrid. México D.F. Montevideo. Quito. Santiago de Chile












Agradecimientos








Quiero dar las gracias aestas maravillosas personas por su amor, sus consejos y su apoyo: David, Mimmie, papá, Georgina, Nicky, Rocco, Jay, Breda y Neil. A Marianne, por parecer Midas en ocasiones y por su visión extraordinaria. Gracias también a Lynne Drew, Amanda Ridout, Claire Bord, Moira Reilly, Tony Purdue, Fiona Mclntosh y todo el equipo de Harper Collins. Como siempre, un agradecimiento especial a Vicki Satlow yPat Lynch. Tampoco quiero olvidarme de todos mis amigos, por los ánimos y el apoyo que me han dado en esta aventura. Gracias especialmente a Sarah por ser piadosa entre las piadosas. También a Mark Mo-nahan, del Trinity College, a Karen Breen, del Irish Blood Transfusión Service, y a Bernice, de Viking Splash Tours.

Prólogo



Cierra los ojos y mira la oscuridad.
Ése era el consejo quesolía darme mi padre cuando de niña no podía dormir. Ahora no querría que hiciera eso, pero he decidido seguir su consejo. Miro fijamente la inmensa negrura que se extiende más allá de mis párpados cerrados. Aunque estoy tumbada y quieta en el suelo, me siento colgada del punto más alto que quepa imaginar; agarrada a una estrella en el cielo nocturno con las piernas pendiendo sobre la fría y negranada. Echo una última mirada a la mano que sujeta la luz y me suelto. Caigo, luego floto, vuelvo a caer y, finalmente, aguardo la tierra de mi vida.
Ahora sé, como sabía cuando era esa niña que espantaba el sueño, que detrás de la pantalla traslúcida de los ojos cerrados hay color. Me provoca, me reta a abrir los ojos para impedir que me duerma. Destellos rojos y ambarinos, amarillos y blancosmotean mi oscuridad. Me niego a abrirlos. Me rebelo y aprieto los párpados aún más para bloquear los puntitos de luz, meras distracciones que nos mantienen despiertos pero que son un indicio de que hay vida al otro lado.
Pero no hay vida en mí. Tendida al pie de la escalera, no siento nada. El corazón me late deprisa; es el único púgil que queda en pie en el ring; un guante rojo de boxeo seagita victorioso en el aire, negándose a rendirse. Es la única parte de mí que se preocupa, la única parte que alguna vez se ha preocupado. Lucha por bombear la sangre que debe curarme, por reemplazar la que estoy perdiendo. Pero ésta abandona mi cuerpo tan deprisa como llega, formando un profundo océano negro en torno a mí.
Deprisa, deprisa, deprisa. Siempre vamos con prisa, nunca vamos sobradosde tiempo. Siempre estamos tratando de llegar a alguna parte. Tendría que haber salido hace cinco minutos, ya tendría que haber llegado. El teléfono vuelve a sonar y percibo la ironía. De haberme tomado mi tiempo, ahora podría contestar.
Ahora; no entonces.
Podría haberme demorado todo el tiempo del mundo en cada uno de esos peldaños. Pero siempre vamos deprisa. Todos, salvo mi corazón, queestá empezando a ralentizarse. No me importa demasiado. Me llevo una mano a la barriga. Si he perdido el bebé, y sospecho que así ha sido, me reuniré allí con él. Allí... ¿dónde? Donde sea. Él; una palabra sin corazón. Él o ella tan joven; en qué iba a convertirse seguirá siendo una incógnita. Pero allí podré mimarlo.
Allí; no aquí.
Le diré: «Lo siento, corazón, perdona que haya echado aperder tus oportunidades, mi oportunidad, nuestra oportunidad de pasar la vida juntos. Pero ahora cierra los ojos y mira la oscuridad, tal como está haciendo mamá, y juntos encontraremos el camino.»
Oigo un ruido y percibo una presencia:
—Dios mío, Joyce, oh, Dios mío. ¿Puedes oírme, cielo? Dios mío, Dios mío. Señor, no, por favor, a mi Joyce no, no te lleves a mi Joyce. Resiste, cielo, estoy...
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