Reencuentro con milan kundera

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Reencuentro con Milan Kundera

El escritor checo publica Un encuentro (Tusquets), tras cuatro años de silencio

Conciencia insobornable de un siglo marcado por la tragedia y la frivolidad, Milan Kundera (Brno, 1929) está a punto de desvelar en España sus juicios sobre la novela, el exilio o el amor en lo más atroz del siglo XX. Y lo hace de la mano de su amiga, editora y traductora Beatriz deMoura, que ha vertido al castellano este Encuentro (Tusquets) “con mis reflexiones y mis recuerdos: mis viejos temas existenciales y estéticos y mis viejas querencias”. Un encuentro en el que escribe, por ejemplo, que ya “no hay leyes [...] que se opongan al deseo. Todo está permitido, y el único enemigo es nuestro propio cuerpo al desnudo, desencantado”. Que Cien años de soledad es “un adiósdirigido a la era de la novela”. O descubre los espejismos del exilio, la literatura y la amistad en el capítulo VI, “En otra parte”, que a continuación publicamos.


El exilio liberador según Vera Linhartova
Vera Linhartova era, en los años sesenta, uno de los escritores más admirados en Checoslovaquia, poeta de una prosa meditativa, hermética, inclasificable. Al dejar Praga por París en 1968,comenzó a escribir y a publicar en francés. Conocida por su naturaleza solitaria, sorprendió a todos sus amigos cuando, a principios de los años noventa, aceptó la invitación del Instituto Francés de Praga y, con motivo de un coloquio dedicado a los problemas del exilio, leyó un texto. Nunca he leído sobre este tema nada más inconformista ni más lúcido.

La segunda mitad del siglo pasadoextremó en todo el mundo la sensibilidad de la gente hacia el destino de las personas expulsadas de sus países. Esta sensibilidad compasiva nubló el problema del exilio con un moralismo lagrimoso y ocultó el carácter concreto de la vida del exiliado que, según Linhartova, convirtió con frecuencia su destierro en una salida liberadora “hacia otra parte, por definición desconocida, abierta a todas lasposibilidades”. ¡Por supuesto tiene mil veces razón! De lo contrario, ¿cómo se explica el hecho aparentemente sorprendente de que, tras el final del comunismo, casi ninguno de los grandes artistas haya regresado enseguida a su país? ¿El final del comunismo no les ha incitado a celebrar en su país natal la fiesta del Gran Retorno? Y aunque, para mayor decepción del público, no deseara volver, ¿notendría que haber sido para él una obligación moral? Linhartova:

“El escritor es ante todo un hombre libre, y la obliga ción de preservar su independencia contra toda coacción pasa por delante de cualquier otra consideración. Y ya no me refiero ahora a esas coacciones insensatas que intenta imponer un poder abusivo, sino a las restricciones -aún más difíciles de evitar por ser bienintencionadas- queapelan a los sentimientos del deber hacia el país”.

En efecto, vamos rumiando lugares comunes de los derechos del hombre y, al mismo tiempo, consideramos al individuo como propiedad de su nación.

Linhartova va todavía más lejos: “Por tanto elegí el lugar donde quería vivir, y también elegí la lengua en la que quería hablar”. Se le objetará: el escritor, aun siendo un hombre libre, ¿acaso noes el guardián de su lengua? ¿No es éste el sentido mismo de su misión? A lo que ella contesta: “Se pretende con frecuencia que un escritor es menos libre que nadie de movimientos, porque permanece vinculado a su lengua por un lazo indisoluble. Creo que éste es otro de los muchos mitos que sirven de excusa a los timoratos...”. Porque: “... el escritor no es prisionero de una única lengua”. Granfrase liberadora. únicamente la brevedad de su vida impide al escritor sacar todas las conclusiones de esta invitación a la libertad.

Linhartova: “Mis simpatías están con los nómadas, siento que no tengo alma de sedentaria. De modo que tengo pleno derecho a decir que mi propio exilio vino a colmar lo que, desde siempre, había sido mi deseo más ansiado: vivir en otra parte”. Cuando Linhartova...
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